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Artículo publicado en la edición Nº 1.189 (ENERO- MARZO 2016) Autor: Andrés Ferrada, pbro., Facultad de Teología UC Para citar: Ferrada, Andrés; Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19,16b-42), en La Revista Católica, Nº1.189, enero-marzo 2016, pp. 53-71.
   
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Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19, 16b-42) Andrés Ferrada M., pbro. Facultad de Teología UC

En el Año Santo de la Misericordia, volver sobre los relatos de la pasión y resurrección del Señor nos pueden ayudar a iluminar las entrañas de misericordia del Buen Padre Dios, quien “tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). En efecto, la pasión, muerte y resurrección del Señor constituye el núcleo esencial del Cuarto Evangelio en cuanto “evangelio”, porque proclama por escrito la Buena Noticia, para que todos sus destinatarios, tanto los del pasado como los del presente, “crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan vida en su nombre” (Jn 20,31). Este es contenido esencial del kerygma primitivo de la comunidad eclesial.
Nuestro análisis de los relatos de la Pasión del Señor según san Juan será sincrónico y se reducirá solo a una parte de la misma, aunque la fundamental[1]. Para realizarlo se usará la metodología que mejor se adapta a la naturaleza de los textos. Estos son narraciones y, por lo mismo, utilizaremos el análisis narrativo. Claro está que complementado con otras metodologías para enriquecerlo y evitar la unilateralidad. En concreto, analizaremos la trama de los relatos y luego intentaremos poner a la luz su intención narrativa. Antes, eso sí, justificaremos la unidad estudiada presentando la delimitación del texto.
1. Delimitación de la unidad literaria Jn 19,16b-42
Jn 19,16b-42 describe la crucifixión, muerte y sepultura de Jesús. Evidentemente, está íntimamente ligada al arresto y proceso de su condena (Jn 18,1-19,16a) y a los relatos de la tumba vacía y la resurrección de Jesús (Jn 20,1-29). La razón que justifica la aislación de la selección propuesta se funda en razones narrativas.
1.1 Respecto a lo narrado antes de la unidad (18,1-19,16a)
a) Los relatos del arresto y juicio de Jesús se dan por terminados con la narración de la sentencia de Pilato en el v.16a: “Entonces se lo entregó para que lo crucificaran”. La ejecución de la sentencia y sus consecuencias son relatadas en nuestra unidad.
b) De hecho, el v.16b inicia con el verbo “tomaron a Jesús” que es correlativo al del relato de la sentencia “se los entregó”, y ambos están relacionados con la misma partícula griega oun.
c) El sujeto del v.16b, con todo, no corresponde al sujeto indirecto del verbo del v.16a, los sumos sacerdotes (v.15), pues estos no crucificaron materialmente al condenado, sino soldados romanos bajo la autoridad de Pilato (v.23). Por tanto, se detecta un cambio de personajes, Pilato y los sumos sacerdotes desaparecen del plano principal, mientras que los soldados pasan a ocupar un rol más decisivo (19,23.24.32 y 34). Jesús es el personaje que permanece y su voz sigue resonando como durante el juicio (continuidad).
d) Se percibe también un cambio de lugar, se pasa del pretorio (18,28-19,16a) a la calle –el Via Crucis– hasta el Calvario, en cuyas cercanías estaba el sepulcro donde colocaron el cuerpo de Jesús (v.41).
1.2 Respecto a lo narrado después de la unidad (20,1-31):
a) Cambio notorio de tiempo registrado en 20,1: “el primer día de la semana” (domingo). El nuestro transcurre en cambio en la tarde del día de la preparación (viernes; 19,31.42).
b) Aparecen o toman protagonismo nuevos personajes: María Magdalena en 20,1; Simón Pedro y el discípulo amado en 20,2. Por su parte, desaparecen de la escena José de Arimatea y Nicodemo. Y la desaparición más notable es la del cadáver del muerto y traspasado.
c) La temática es distinta, se pasa de la muerte a la resurrección, aunque se mantiene el tono de la glorificación de Jesús.
1.3 Orgánica de la unidad
En el caso de Jn 19,16b-42 debemos detenernos a considerar si, en realidad, este pasaje forma una unidad de cierta autonomía dentro del relato de la pasión de Jesús. ¿Por qué no hacer un corte, por ejemplo, después de la muerte de Jesús (19,30)?
¿Pertenece la sepultura de Jesús a la misma unidad? Y aun más importante que los interrogantes anteriores es preguntarse si esta división responde a la intención del autor. Una respuesta exhaustiva debería encontrar elementos de forma y contenido que distingan claramente cada parte de la unidad del resto de los relatos de la pasión.
R.E. Brown propone una estructura concéntrica del material que transcribimos[2]:
Introducción (19,16b.18) La crucifixión: elevación de Jesús sobre la cruz
?          ?         ?
Conclusión (19,38-42)La sepultura: descendimiento del cuerpo de Jesús de la cruz
Primer episodio (19,19-22) Inscripción: Jesús como rey Pilato rechaza la demanda de los judíos
?          ?         ?
Quinto episodio (19,31-37) Brota sangre y agua (el Espíritu). Pilato cede a la demanda de los judíos
Segundo episodio (19,23-24) La túnica sin costuras: ¿Jesús como sumo sacerdote?Los verdugos se reparten las vestiduras de Jesús
?          ?         ?
Cuarto episodio (19,28-30) La sed de Jesús. Entrega su espíritu. Los verdugos le dan a beber vinagre
?Tercer episodio (19,25-27)La madre de Jesús y el discípulo amado Preocupación de Jesús por su madre
Se trata de una estructura concéntrica al estilo de candelabro de siete velas (menorá), típica de la forma de exposición hebrea. La correspondencia de los elementos es antitética y evidentemente el elemento central es el más importante.
El punto para dilucidar es si esta estructura tan diáfana estaba en la mente del autor, o si corresponde más bien al ingenio ordenador del intérprete moderno. Un grave inconveniente es el valor que se le da al “tercer episodio”. Ciertamente, tiene una gran importancia, pero no parece ser el clímax de la narración, sino el “cuarto episodio” donde se relata la muerte de Jesús. Para evitar repeticiones, postergaremos esta discusión para después de nuestro análisis narrativo detallado. Él pondrá a la luz la textura del relato y su unidad de acción como delimitación de Jn 19,16b-42.
2. Análisis narrativo
Subdividimos el relato en escenas, es decir, en las distintas etapas de la acción principal. En su presentación, notaremos también los distintos momentos de la acción según el «esquema clásico» del análisis narrativo: exposición del problema, principio de la acción, complicación, punto de vuelco, peripateia, anagnórisis, resolución, desenlace y conclusión.
2.1 Análisis de la trama
El presente análisis de la trama del relato persigue observar, usando los elementos del análisis narrativo[3], cómo el compositor ha entretejido sus elementos para desvelar cuál era su intención, esto es, qué quería transmitir y/o suscitar en los destinatarios del relato. Los criterios de división de escenas derivan del principio de unidad de acción, que se narra en etapas sucesivas, las cuales se captan por cambios de personajes, lugar, tiempo y temática.
a) Jn 19,16b-20: Crucifixión de Jesús
No tenemos que repetir los cambios de personajes, lugar y temática que se dan en estos versículos respecto de lo anteriormente narrado. Es evidente que la escena supone lo anterior, pues el lector sabe que la crucifixión corresponde a la ejecución de la sentencia de muerte decretada por Pilato (v.16a). Con todo, se dan muchos elementos de exposición; destacan la descripción del lugar del patíbulo, el calvario; los tres crucificados y la posición central de Jesús; el contenido del letrero sobre la cruz, “Jesús nazareno, rey de los judíos”, y su escriturización trilingüe, hebreo, latín y hebreo.
La acción narrada, el Via Crucis y la crucifixión misma son narradas bastante lacónicamente. Incluso el sujeto de la crucifixión no queda expresado, se lo infiere del contexto, se trata de los soldados que toman a Jesús y lo crucifican (v.23). En cierto sentido corresponden al punto de vuelco de todo el relato de la pasión, porque el lector sabe que Jesús está humanamente perdido, su muerte se avecina inexorablemente.
Llama la atención la importancia dada al título puesto sobre su cruz. Introduce y soluciona un problema de revelación, de hecho en la próxima escena retomará este mismo tema. ¿Quién es el condenado? El lector lo sabe, pero no los ciudadanos y peregrinos que estaban en Jerusalén por esos días. Es “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Y esta identidad la pueden conocer todos, pues Pilato se ha encargado de hacerlo saber a través de su escritura trilingüe.
b) Jn 19,21-22: Intento de cambio de la inscripción sobre la cruz
Se trata de una escena concatenada a la anterior, pues la supone como exposición. Aparecen nuevos personajes, los sumos sacerdotes de los judíos (v.21), que se dirigen a Pilato para reclamar por la inscripción sobre la cruz. El lugar también cambia, pues se entiende que han acudido al Pretorio (sería ridículo pensar que Pilato estaba presente en la crucifixión).
Se trata de un breve diálogo en torno a la inscripción. El problema es tanto de resolución, cambio de la inscripción, como de revelación, quién es Jesús en realidad. Los jefes judíos quieren que se substituya el escrito por: “Aquel que dijo, yo soy el rey de los judíos”. Pilato deniega la petición (peripateia negativa) afirmando: “lo que he escrito, lo he escrito” (v.22). Esta respuesta sirve irónicamente de anagnórisis del problema de revelación: Jesús es el rey de los judíos.
La ironía la capta el lector, los magistrados judíos han alegado que ellos no tenían más rey que el césar (v.15b) y habían asustado a Pilato con una encubierta acusación de soltar a Jesús, pues en ese caso el procurador no sería amigo del césar, “pues todo el que se hace a sí mismo rey es enemigo del césar”. Pilato, por su parte, sabía perfectamente que Jesús no constituía ni siquiera una amenaza remota para el poderío romano sobre Palestina, pues lo había interrogado y Jesús declaró que su reino no era de este mundo (18,36-37). Por eso, la denegación al cambio de la inscripción para el procurador romano es una suerte de venganza contra los sumos sacerdotes que le han doblegado a causa del temor de posibles represalias de haber soltado a Jesús. Así, trata de herir la sensibilidad religiosa de sus instigadores y muestra su absoluta doblez: han pedido la muerte de Jesús afirmando la realeza del césar romano sobre ellos y no quieren que se lea que Jesús es rey de los judíos, pues de seguro que no aceptarían sino al hijo de David como rey o, incluso, solo al mismo YHWH.
El lector, por su parte, ve confirmada la identidad de Jesús como rey de los judíos por la repetición de la inscripción (vv.19 y 21). Es claro que entiende la realeza de Jesús más allá de la ironía de Pilato. El autor de estas líneas ha usado el doble sentido. Para Pilato, Jesús es un rey ilusorio o utópico; para los sumos sacerdotes es un charlatán (dice ser quien no es) y para el lector es el verdadero rey de Israel en el sentido mesiánico del término (cf. 1,49 y 12,13.15).
La trama tiene dos planos: el de los hechos narrados y el de su interpretación, que se va entretejiendo con ironía, el doble sentido y otros recursos que indican el sentido profundo de los acontecimientos.
c) Jn 19,23-24: Reparto de las vestiduras de Jesús
El cambio de momento escénico está marcado por el cambio de lugar, volvemos al calvario y reaparecen los soldados (v.23). Además, queda claro que se trata de cuatro soldados. La temática varía también, se pasa del título de Jesús al destino de sus vestiduras. Ellos se las reparten, salvo la túnica sin costuras que la echan a suertes para no estropearla (rasgarla). La escena corresponde a una mantención de la tensión narrada en la resolución del relato de la pasión. El lector ya está seguro de la muerte de Jesús en la cruz, espera solo su narración. Pero el autor aprovecha la tensión dramática para insertar este y otros elementos en vista a transmitir un mensaje claro acerca del sentido de la muerte de Jesús.
En efecto, a los hechos narrados se les añade un inciso de explicación: el cumplimiento de la Escritura, en concreto se cita Sal 22,18. Este elemento, por cierto tradicional (cf. 1Co 15; Lc 24,25-27), Jesús muere según lo preanunciado por la Escritura, esto es, es parte del designio revelado por YHWH a su pueblo. Realmente, Él es más que el rey de Israel, es el Mesías (cf. 12,13.15). Así, se agrega un elemento más de anagnórisis interpretación de la crucifixión.
Muchos autores se detienen en el sentido profundo de la túnica sin costuras. Algunos –ya desde la antigüedad con san Cipriano– le dan un sentido eclesiológico pues sería signo de la unidad la Iglesia. En efecto, una idea eclesiológica juánica fundamental es la agrupación y unidad de los creyentes (10,15-16; 11,51-52; 17,11.21-23). Se la parangona también con la red que no se rompe pese a contener 153 peces grandes (21,11). Con todo, la relación de 19,23-24 con los pasajes antes citados no es explícita y no hay nada en estos versículos que haga sugerir la unidad de los creyentes.
Otros exégetas ven en la túnica inconsútil un símbolo de Jesús como sumo sacerdote sobre la base de los datos aportados por Flavio Josefo[4] acerca de las prendas usadas por el sumo sacerdote en tiempos de Jesús y en afirmaciones neotestamentarias, sobre todo en la carta a los Hebreos, donde se presenta a Jesús como el verdadero sumo sacerdote (cf. Hb 7,26-8,2; 9,11-12). En Ap 1,13 Jesús resucitado se presenta con las vestiduras de rey y de sumo sacerdote. El recurso a esta obra juánica quizás nos dé la clave de la interpretación simbólica de la túnica sin costuras: un elemento de anagnórisis, es decir, revela que Jesús es también sacerdote. Con todo, este simbolismo es sutil y no se debe exagerar.
d) Jn 19,25-27: Última voluntad del crucificado: su madre y el discípulo
El cambio escénico es claro. Aparecen nuevos personajes, un grupo de mujeres y el discípulo amado de Jesús, a los pies de la cruz. Los soldados desaparecen de la acción narrada y el tema de las vestiduras queda atrás.
No poca discusión ha levantado la lista de mujeres nombradas en el v.25. La construcción de la frase: “...su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena”:
– Dos: Madre de Jesús, María, y su hermana, María Magdalena (= mujer de Cleofás). ¿María Magdalena sería hermana de la Virgen?
– Tres: Madre de Jesús; la hermana de ésta, María (= mujer de Cleofás); y María Magdalena. ¿La hermana de la Virgen se llamaría también María?
– Cuatro: ordenadas en dos parejas: Madre de Jesús y su hermana; María de Cleofás y María Magdalena. Es la solución más sencilla y, además, se percibe en ella una mayor armonía estética, pues el primer par de mujeres es nombrado por relaciones de parentesco con Jesús, mientras que el segundo, por sus nombres propios, con señales claras de identificación.
La lista de las mujeres a los pies de la cruz es un claro elemento de exposición en la trama (medias in res), pues el lector no había sido informado hasta ese momento del paradero de los íntimos integrantes del círculo de Jesús. Pedro y el otro discípulo (¿el discípulo amado?) habían sido los últimos en ser nombrados en la escena de las negaciones de Pedro en 18,12-18.25-27, cuando se introdujeron en el palacio del sumo sacerdote. Ante esta nueva información saltan necesariamente interrogantes en el lector, sobre todo en relación con el destino de la madre. ¿Qué pasaría con ella?, ¿Quién se haría cargo de ella?, etc.
El autor sorprende al lector, pues se reservó, sin nombrarlo, uno de los participantes en la acción narrada, el discípulo amado. Lo nombrará en el diálogo entre Jesús y su madre del v.26. Este recurso, sin duda, quiere focalizar la atención sobre él y la madre, pues de hecho, las otras mujeres quedan totalmente en segundo plano.
El diálogo de Jesús con María es presentado con dramatismo. El crucificado fija la vista en su madre y en el discípulo que amaba. Con la narración de esta mirada se llama la atención del lector y corresponde al punto de vuelco del problema sugerido con la lista de las mujeres del v.25. En efecto, el lector intuye que Jesús, si logra hablar, confiará el cuidado de su madre al discípulo, toda vez que este no había sido nombrado en la lista del v.25 y es caracterizado como amigo de Jesús.
Nuevamente, el relato sorprende al lector, pues esperaría que Jesús se dirigiera al discípulo exhortándolo a cuidar de su madre y no al revés. Jesús, en cambio, se dirige a su madre: “He aquí tu hijo” (v.26). Y solo después al discípulo: “He aquí tu madre” (v.27). Estas sentencias corresponden a la última disposición de Jesús, su testamento. Narrativamente, son una suerte de peripateia del problema aludido con la lista de mujeres al pie de la cruz. La madre de Jesús no queda desamparada, sino que se le da el papel de madre del discípulo amado y a este el de hijo.
La aceptación de ambos, quizás tan solo tácita, queda de manifiesto en el v.27b donde se asevera que el discípulo acogió a la madre de Jesús en su casa, comprendida como “bienes y propiedades” en sentido espiritual, pues naturalmente en ese momento no la llevó a su casa habitación. Se trata de una suerte de adopción mutua entre ambos personajes, aunque no en sentido técnico jurídico (cf. Sal 2,7; Tb 7,12). Corresponde al desenlace de la trama.
Llama la atención dos palabras en este relato: el apelativo que recibe la madre de Jesús en boca de su hijo, “mujer”, y la alusión a “aquella hora·”. Ambas remiten al relato de Las Bodas de Caná (2,4), donde Jesús se dirige a su madre con el mismo vocativo, “mujer”, y alega ante su materna insinuación que su “hora” aun no ha llegado. Estos detalles no pueden ser obviados. Claramente nos ponen en la línea de la interpretación profunda del acontecimiento: María, la madre de Jesús, es la “mujer” asociada a la “hora” de su Hijo y ha sido destinada a ser madre del “discípulo amado”. Es denso el mensaje cristológico y mariológico de este pasaje que deberemos en su momento comentar.
e) Jn 19,28-30: Muerte de Jesús como cumplimiento de su obra
El paso a una nueva escena queda claro del momento que todos los personajes de la escena anterior, salvo Jesús, quedan en el silencio. Solo se nombra a Jesús, el resto de los participantes quedan también el silencio (¿quién le dio a beber vinagre?). El autor quiere destacar las últimas palabras de Jesús sobre la cruz y su sentido.
El v.28 introduce nuevos elementos de exposición, la percepción de Jesús que todo estaba cumplido y su voluntad de que se cumpla la Escritura. Inmediatamente, trasmite la palabra de Jesús: “Tengo sed”, probablemente aludiendo a Sal 69,22 (¿Sal 22,16?). Evidentemente, que la alocución no se refiere solo a la sed física de Jesús, sino que tiene que ver con la aceptación de la copa de los padecimientos que se le ofrecen, que es el modo de llevar a cumplimiento su obra (cf. 4,34; 18,11).
La resolución del problema no se deja esperar, personajes innominados le ofrecen a beber vinagre en una esponja sujeta con una caña y él lo prueba (vv.29-30a). Una especie de peripateia del problema de la sed física de Jesús, el lector comprende que en algo se ha saciado su sed. Pero, inmediatamente se agrega otra palabra de Jesús: “Está cumplido” (v.30b), la cual confirma el sentido con que Jesús había expresado su ardiente sed. No tanto para saciar su necesidad material, como para que se cumpliera la Escritura (v.28). Y este es el sentido profundo de toda la escena.
La frase final del v.30 “e inclinando la cabeza, entregó el espíritu/Espíritu”. Es el desenlace de esta breve trama, pero al mismo tiempo es la peripateia de los relatos de la pasión como conjunto, pues constituye la narración de la muerte de Jesús. El fatal destino previsto ya desde el consejo de los jefes judíos después de la resurrección de Lázaro (Jn 11,47-53) y más aun después de la sentencia de Pilato (19,16a).
Llama la atención que la muerte de Jesús es narrada en sentido activo con el verbo “entregar” (cf. 10,18; 15,13). Marca la intención del relato de mostrar que Jesús muere como el que llevado a término y en obediencia la misión que el Padre le confiara (cf. 14,31; 17,4). Hasta el último instante es él el protagonista (10,17-18; 15,13).
Un interrogante de importancia se cierne sobre lo entregado por Jesús: “el espíritu”. Probablemente se trate de un juego con el valor bivalente de la expresión. Por una parte designa el aliento vital (cf. Jn 11,33; 13,21), que se corresponde con el relato tradicional de la muerte de Jesús compartido en este punto con los sinópticos (Mc 15,37 // Lc 23,46; Mt 27,50). Pero también sirva de evocación del don del Espíritu Santo, prometido por Jesús a todos los que creyeran en él. En concreto, que recibirían este don cuando él fuera glorificado (7,39). Su muerte es la hora de su glorificación y, por eso, en ella reciben el Espíritu quienes están a los pies de la cruz, en especial su madre y el discípulo amado como símbolos de la Iglesia. Este sentido es sugerente, pero tiene valor solo si se la considera en un sentido “evocativo y proléptico”, para recordar al lector el fin último para el que Jesús es exaltado en la cruz[5]. El don efectivo del Espíritu es narrado en el Cuarto Evangelio en 20,22 después de la resurrección de Jesús.
f) Jn 19,31-37: Costado traspasado de Jesús
El cambio escénico es notorio por el cambio de personajes y temática: reaparecen en el v.31 los judíos (se subentiende las autoridades hebreas) y Pilato, aunque solo en una narración y no con discursos directos, y en los vv.32-34 los soldados son nombrados explícitamente como ejecutores de las ordenes del gobernador romano. En el v.35 se reconoce el testimonio de un testigo ocular y el comentario del narrador acerca de su veracidad. La temática es distinta, aunque relacionada con la muerte de Jesús, se trata de la lanzada del costado de Jesús que produce la efusión de sangre y agua de su corazón. El hecho está interpretado en el horizonte del cumplimiento de la escritura por dos citaciones del AT en los vv.36-37.
El v.31 sirve de exposición de un nuevo problema que se entrama con la muerte de Jesús. Era el día de preparación del sábado, esto es, el viernes (coincidiendo con Mc 15,42) y ese año ocurría también que aquel sábado coincidía con el primer día de la Pascua (15 de Nisán; Lv 23,6-14). Los judíos no querían que los cuerpos de los condenados quedaran colgados de noche para no trasgredir la norma del Dt 21,22-23. Por eso, los judíos le piden a Pilato que haga acelerar la muerte de los ajusticiados, a fin de asegurar el enterramiento de sus cuerpos antes del sábado tan solemne. En concreto, que se les quebraran las piernas a los crucificados a fin de que murieran y los pudieran descolgar.
No se narra el diálogo, sino solo se remite a él. L
Artículo publicado en la edición Nº 1.189 (ENERO- MARZO 2016) Autor: Andrés Ferrada, pbro., Facultad de Teología UC Para citar: Ferrada, Andrés; Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19,16b-42), en La Revista Católica, Nº1.189, enero-marzo 2016, pp. 53-71.
   
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Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19, 16b-42) Andrés Ferrada M., pbro. Facultad de Teología UC

En el Año Santo de la Misericordia, volver sobre los relatos de la pasión y resurrección del Señor nos pueden ayudar a iluminar las entrañas de misericordia del Buen Padre Dios, quien “tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). En efecto, la pasión, muerte y resurrección del Señor constituye el núcleo esencial del Cuarto Evangelio en cuanto “evangelio”, porque proclama por escrito la Buena Noticia, para que todos sus destinatarios, tanto los del pasado como los del presente, “crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan vida en su nombre” (Jn 20,31). Este es contenido esencial del kerygma primitivo de la comunidad eclesial.
Nuestro análisis de los relatos de la Pasión del Señor según san Juan será sincrónico y se reducirá solo a una parte de la misma, aunque la fundamental[1]. Para realizarlo se usará la metodología que mejor se adapta a la naturaleza de los textos. Estos son narraciones y, por lo mismo, utilizaremos el análisis narrativo. Claro está que complementado con otras metodologías para enriquecerlo y evitar la unilateralidad. En concreto, analizaremos la trama de los relatos y luego intentaremos poner a la luz su intención narrativa. Antes, eso sí, justificaremos la unidad estudiada presentando la delimitación del texto.
1. Delimitación de la unidad literaria Jn 19,16b-42
Jn 19,16b-42 describe la crucifixión, muerte y sepultura de Jesús. Evidentemente, está íntimamente ligada al arresto y proceso de su condena (Jn 18,1-19,16a) y a los relatos de la tumba vacía y la resurrección de Jesús (Jn 20,1-29). La razón que justifica la aislación de la selección propuesta se funda en razones narrativas.
1.1 Respecto a lo narrado antes de la unidad (18,1-19,16a)
a) Los relatos del arresto y juicio de Jesús se dan por terminados con la narración de la sentencia de Pilato en el v.16a: “Entonces se lo entregó para que lo crucificaran”. La ejecución de la sentencia y sus consecuencias son relatadas en nuestra unidad.
b) De hecho, el v.16b inicia con el verbo “tomaron a Jesús” que es correlativo al del relato de la sentencia “se los entregó”, y ambos están relacionados con la misma partícula griega oun.
c) El sujeto del v.16b, con todo, no corresponde al sujeto indirecto del verbo del v.16a, los sumos sacerdotes (v.15), pues estos no crucificaron materialmente al condenado, sino soldados romanos bajo la autoridad de Pilato (v.23). Por tanto, se detecta un cambio de personajes, Pilato y los sumos sacerdotes desaparecen del plano principal, mientras que los soldados pasan a ocupar un rol más decisivo (19,23.24.32 y 34). Jesús es el personaje que permanece y su voz sigue resonando como durante el juicio (continuidad).
d) Se percibe también un cambio de lugar, se pasa del pretorio (18,28-19,16a) a la calle –el Via Crucis– hasta el Calvario, en cuyas cercanías estaba el sepulcro donde colocaron el cuerpo de Jesús (v.41).
1.2 Respecto a lo narrado después de la unidad (20,1-31):
a) Cambio notorio de tiempo registrado en 20,1: “el primer día de la semana” (domingo). El nuestro transcurre en cambio en la tarde del día de la preparación (viernes; 19,31.42).
b) Aparecen o toman protagonismo nuevos personajes: María Magdalena en 20,1; Simón Pedro y el discípulo amado en 20,2. Por su parte, desaparecen de la escena José de Arimatea y Nicodemo. Y la desaparición más notable es la del cadáver del muerto y traspasado.
c) La temática es distinta, se pasa de la muerte a la resurrección, aunque se mantiene el tono de la glorificación de Jesús.
1.3 Orgánica de la unidad
En el caso de Jn 19,16b-42 debemos detenernos a considerar si, en realidad, este pasaje forma una unidad de cierta autonomía dentro del relato de la pasión de Jesús. ¿Por qué no hacer un corte, por ejemplo, después de la muerte de Jesús (19,30)?
¿Pertenece la sepultura de Jesús a la misma unidad? Y aun más importante que los interrogantes anteriores es preguntarse si esta división responde a la intención del autor. Una respuesta exhaustiva debería encontrar elementos de forma y contenido que distingan claramente cada parte de la unidad del resto de los relatos de la pasión.
R.E. Brown propone una estructura concéntrica del material que transcribimos[2]:
Introducción (19,16b.18) La crucifixión: elevación de Jesús sobre la cruz
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Conclusión (19,38-42)La sepultura: descendimiento del cuerpo de Jesús de la cruz
Primer episodio (19,19-22) Inscripción: Jesús como rey Pilato rechaza la demanda de los judíos
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Quinto episodio (19,31-37) Brota sangre y agua (el Espíritu). Pilato cede a la demanda de los judíos
Segundo episodio (19,23-24) La túnica sin costuras: ¿Jesús como sumo sacerdote?Los verdugos se reparten las vestiduras de Jesús
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Cuarto episodio (19,28-30) La sed de Jesús. Entrega su espíritu. Los verdugos le dan a beber vinagre
?Tercer episodio (19,25-27)La madre de Jesús y el discípulo amado Preocupación de Jesús por su madre
Se trata de una estructura concéntrica al estilo de candelabro de siete velas (menorá), típica de la forma de exposición hebrea. La correspondencia de los elementos es antitética y evidentemente el elemento central es el más importante.
El punto para dilucidar es si esta estructura tan diáfana estaba en la mente del autor, o si corresponde más bien al ingenio ordenador del intérprete moderno. Un grave inconveniente es el valor que se le da al “tercer episodio”. Ciertamente, tiene una gran importancia, pero no parece ser el clímax de la narración, sino el “cuarto episodio” donde se relata la muerte de Jesús. Para evitar repeticiones, postergaremos esta discusión para después de nuestro análisis narrativo detallado. Él pondrá a la luz la textura del relato y su unidad de acción como delimitación de Jn 19,16b-42.
2. Análisis narrativo
Subdividimos el relato en escenas, es decir, en las distintas etapas de la acción principal. En su presentación, notaremos también los distintos momentos de la acción según el «esquema clásico» del análisis narrativo: exposición del problema, principio de la acción, complicación, punto de vuelco, peripateia, anagnórisis, resolución, desenlace y conclusión.
2.1 Análisis de la trama
El presente análisis de la trama del relato persigue observar, usando los elementos del análisis narrativo[3], cómo el compositor ha entretejido sus elementos para desvelar cuál era su intención, esto es, qué quería transmitir y/o suscitar en los destinatarios del relato. Los criterios de división de escenas derivan del principio de unidad de acción, que se narra en etapas sucesivas, las cuales se captan por cambios de personajes, lugar, tiempo y temática.
a) Jn 19,16b-20: Crucifixión de Jesús
No tenemos que repetir los cambios de personajes, lugar y temática que se dan en estos versículos respecto de lo anteriormente narrado. Es evidente que la escena supone lo anterior, pues el lector sabe que la crucifixión corresponde a la ejecución de la sentencia de muerte decretada por Pilato (v.16a). Con todo, se dan muchos elementos de exposición; destacan la descripción del lugar del patíbulo, el calvario; los tres crucificados y la posición central de Jesús; el contenido del letrero sobre la cruz, “Jesús nazareno, rey de los judíos”, y su escriturización trilingüe, hebreo, latín y hebreo.
La acción narrada, el Via Crucis y la crucifixión misma son narradas bastante lacónicamente. Incluso el sujeto de la crucifixión no queda expresado, se lo infiere del contexto, se trata de los soldados que toman a Jesús y lo crucifican (v.23). En cierto sentido corresponden al punto de vuelco de todo el relato de la pasión, porque el lector sabe que Jesús está humanamente perdido, su muerte se avecina inexorablemente.
Llama la atención la importancia dada al título puesto sobre su cruz. Introduce y soluciona un problema de revelación, de hecho en la próxima escena retomará este mismo tema. ¿Quién es el condenado? El lector lo sabe, pero no los ciudadanos y peregrinos que estaban en Jerusalén por esos días. Es “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Y esta identidad la pueden conocer todos, pues Pilato se ha encargado de hacerlo saber a través de su escritura trilingüe.
b) Jn 19,21-22: Intento de cambio de la inscripción sobre la cruz
Se trata de una escena concatenada a la anterior, pues la supone como exposición. Aparecen nuevos personajes, los sumos sacerdotes de los judíos (v.21), que se dirigen a Pilato para reclamar por la inscripción sobre la cruz. El lugar también cambia, pues se entiende que han acudido al Pretorio (sería ridículo pensar que Pilato estaba presente en la crucifixión).
Se trata de un breve diálogo en torno a la inscripción. El problema es tanto de resolución, cambio de la inscripción, como de revelación, quién es Jesús en realidad. Los jefes judíos quieren que se substituya el escrito por: “Aquel que dijo, yo soy el rey de los judíos”. Pilato deniega la petición (peripateia negativa) afirmando: “lo que he escrito, lo he escrito” (v.22). Esta respuesta sirve irónicamente de anagnórisis del problema de revelación: Jesús es el rey de los judíos.
La ironía la capta el lector, los magistrados judíos han alegado que ellos no tenían más rey que el césar (v.15b) y habían asustado a Pilato con una encubierta acusación de soltar a Jesús, pues en ese caso el procurador no sería amigo del césar, “pues todo el que se hace a sí mismo rey es enemigo del césar”. Pilato, por su parte, sabía perfectamente que Jesús no constituía ni siquiera una amenaza remota para el poderío romano sobre Palestina, pues lo había interrogado y Jesús declaró que su reino no era de este mundo (18,36-37). Por eso, la denegación al cambio de la inscripción para el procurador romano es una suerte de venganza contra los sumos sacerdotes que le han doblegado a causa del temor de posibles represalias de haber soltado a Jesús. Así, trata de herir la sensibilidad religiosa de sus instigadores y muestra su absoluta doblez: han pedido la muerte de Jesús afirmando la realeza del césar romano sobre ellos y no quieren que se lea que Jesús es rey de los judíos, pues de seguro que no aceptarían sino al hijo de David como rey o, incluso, solo al mismo YHWH.
El lector, por su parte, ve confirmada la identidad de Jesús como rey de los judíos por la repetición de la inscripción (vv.19 y 21). Es claro que entiende la realeza de Jesús más allá de la ironía de Pilato. El autor de estas líneas ha usado el doble sentido. Para Pilato, Jesús es un rey ilusorio o utópico; para los sumos sacerdotes es un charlatán (dice ser quien no es) y para el lector es el verdadero rey de Israel en el sentido mesiánico del término (cf. 1,49 y 12,13.15).
La trama tiene dos planos: el de los hechos narrados y el de su interpretación, que se va entretejiendo con ironía, el doble sentido y otros recursos que indican el sentido profundo de los acontecimientos.
c) Jn 19,23-24: Reparto de las vestiduras de Jesús
El cambio de momento escénico está marcado por el cambio de lugar, volvemos al calvario y reaparecen los soldados (v.23). Además, queda claro que se trata de cuatro soldados. La temática varía también, se pasa del título de Jesús al destino de sus vestiduras. Ellos se las reparten, salvo la túnica sin costuras que la echan a suertes para no estropearla (rasgarla). La escena corresponde a una mantención de la tensión narrada en la resolución del relato de la pasión. El lector ya está seguro de la muerte de Jesús en la cruz, espera solo su narración. Pero el autor aprovecha la tensión dramática para insertar este y otros elementos en vista a transmitir un mensaje claro acerca del sentido de la muerte de Jesús.
En efecto, a los hechos narrados se les añade un inciso de explicación: el cumplimiento de la Escritura, en concreto se cita Sal 22,18. Este elemento, por cierto tradicional (cf. 1Co 15; Lc 24,25-27), Jesús muere según lo preanunciado por la Escritura, esto es, es parte del designio revelado por YHWH a su pueblo. Realmente, Él es más que el rey de Israel, es el Mesías (cf. 12,13.15). Así, se agrega un elemento más de anagnórisis interpretación de la crucifixión.
Muchos autores se detienen en el sentido profundo de la túnica sin costuras. Algunos –ya desde la antigüedad con san Cipriano– le dan un sentido eclesiológico pues sería signo de la unidad la Iglesia. En efecto, una idea eclesiológica juánica fundamental es la agrupación y unidad de los creyentes (10,15-16; 11,51-52; 17,11.21-23). Se la parangona también con la red que no se rompe pese a contener 153 peces grandes (21,11). Con todo, la relación de 19,23-24 con los pasajes antes citados no es explícita y no hay nada en estos versículos que haga sugerir la unidad de los creyentes.
Otros exégetas ven en la túnica inconsútil un símbolo de Jesús como sumo sacerdote sobre la base de los datos aportados por Flavio Josefo[4] acerca de las prendas usadas por el sumo sacerdote en tiempos de Jesús y en afirmaciones neotestamentarias, sobre todo en la carta a los Hebreos, donde se presenta a Jesús como el verdadero sumo sacerdote (cf. Hb 7,26-8,2; 9,11-12). En Ap 1,13 Jesús resucitado se presenta con las vestiduras de rey y de sumo sacerdote. El recurso a esta obra juánica quizás nos dé la clave de la interpretación simbólica de la túnica sin costuras: un elemento de anagnórisis, es decir, revela que Jesús es también sacerdote. Con todo, este simbolismo es sutil y no se debe exagerar.
d) Jn 19,25-27: Última voluntad del crucificado: su madre y el discípulo
El cambio escénico es claro. Aparecen nuevos personajes, un grupo de mujeres y el discípulo amado de Jesús, a los pies de la cruz. Los soldados desaparecen de la acción narrada y el tema de las vestiduras queda atrás.
No poca discusión ha levantado la lista de mujeres nombradas en el v.25. La construcción de la frase: “...su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena”:
– Dos: Madre de Jesús, María, y su hermana, María Magdalena (= mujer de Cleofás). ¿María Magdalena sería hermana de la Virgen?
– Tres: Madre de Jesús; la hermana de ésta, María (= mujer de Cleofás); y María Magdalena. ¿La hermana de la Virgen se llamaría también María?
– Cuatro: ordenadas en dos parejas: Madre de Jesús y su hermana; María de Cleofás y María Magdalena. Es la solución más sencilla y, además, se percibe en ella una mayor armonía estética, pues el primer par de mujeres es nombrado por relaciones de parentesco con Jesús, mientras que el segundo, por sus nombres propios, con señales claras de identificación.
La lista de las mujeres a los pies de la cruz es un claro elemento de exposición en la trama (medias in res), pues el lector no había sido informado hasta ese momento del paradero de los íntimos integrantes del círculo de Jesús. Pedro y el otro discípulo (¿el discípulo amado?) habían sido los últimos en ser nombrados en la escena de las negaciones de Pedro en 18,12-18.25-27, cuando se introdujeron en el palacio del sumo sacerdote. Ante esta nueva información saltan necesariamente interrogantes en el lector, sobre todo en relación con el destino de la madre. ¿Qué pasaría con ella?, ¿Quién se haría cargo de ella?, etc.
El autor sorprende al lector, pues se reservó, sin nombrarlo, uno de los participantes en la acción narrada, el discípulo amado. Lo nombrará en el diálogo entre Jesús y su madre del v.26. Este recurso, sin duda, quiere focalizar la atención sobre él y la madre, pues de hecho, las otras mujeres quedan totalmente en segundo plano.
El diálogo de Jesús con María es presentado con dramatismo. El crucificado fija la vista en su madre y en el discípulo que amaba. Con la narración de esta mirada se llama la atención del lector y corresponde al punto de vuelco del problema sugerido con la lista de las mujeres del v.25. En efecto, el lector intuye que Jesús, si logra hablar, confiará el cuidado de su madre al discípulo, toda vez que este no había sido nombrado en la lista del v.25 y es caracterizado como amigo de Jesús.
Nuevamente, el relato sorprende al lector, pues esperaría que Jesús se dirigiera al discípulo exhortándolo a cuidar de su madre y no al revés. Jesús, en cambio, se dirige a su madre: “He aquí tu hijo” (v.26). Y solo después al discípulo: “He aquí tu madre” (v.27). Estas sentencias corresponden a la última disposición de Jesús, su testamento. Narrativamente, son una suerte de peripateia del problema aludido con la lista de mujeres al pie de la cruz. La madre de Jesús no queda desamparada, sino que se le da el papel de madre del discípulo amado y a este el de hijo.
La aceptación de ambos, quizás tan solo tácita, queda de manifiesto en el v.27b donde se asevera que el discípulo acogió a la madre de Jesús en su casa, comprendida como “bienes y propiedades” en sentido espiritual, pues naturalmente en ese momento no la llevó a su casa habitación. Se trata de una suerte de adopción mutua entre ambos personajes, aunque no en sentido técnico jurídico (cf. Sal 2,7; Tb 7,12). Corresponde al desenlace de la trama.
Llama la atención dos palabras en este relato: el apelativo que recibe la madre de Jesús en boca de su hijo, “mujer”, y la alusión a “aquella hora·”. Ambas remiten al relato de Las Bodas de Caná (2,4), donde Jesús se dirige a su madre con el mismo vocativo, “mujer”, y alega ante su materna insinuación que su “hora” aun no ha llegado. Estos detalles no pueden ser obviados. Claramente nos ponen en la línea de la interpretación profunda del acontecimiento: María, la madre de Jesús, es la “mujer” asociada a la “hora” de su Hijo y ha sido destinada a ser madre del “discípulo amado”. Es denso el mensaje cristológico y mariológico de este pasaje que deberemos en su momento comentar.
e) Jn 19,28-30: Muerte de Jesús como cumplimiento de su obra
El paso a una nueva escena queda claro del momento que todos los personajes de la escena anterior, salvo Jesús, quedan en el silencio. Solo se nombra a Jesús, el resto de los participantes quedan también el silencio (¿quién le dio a beber vinagre?). El autor quiere destacar las últimas palabras de Jesús sobre la cruz y su sentido.
El v.28 introduce nuevos elementos de exposición, la percepción de Jesús que todo estaba cumplido y su voluntad de que se cumpla la Escritura. Inmediatamente, trasmite la palabra de Jesús: “Tengo sed”, probablemente aludiendo a Sal 69,22 (¿Sal 22,16?). Evidentemente, que la alocución no se refiere solo a la sed física de Jesús, sino que tiene que ver con la aceptación de la copa de los padecimientos que se le ofrecen, que es el modo de llevar a cumplimiento su obra (cf. 4,34; 18,11).
La resolución del problema no se deja esperar, personajes innominados le ofrecen a beber vinagre en una esponja sujeta con una caña y él lo prueba (vv.29-30a). Una especie de peripateia del problema de la sed física de Jesús, el lector comprende que en algo se ha saciado su sed. Pero, inmediatamente se agrega otra palabra de Jesús: “Está cumplido” (v.30b), la cual confirma el sentido con que Jesús había expresado su ardiente sed. No tanto para saciar su necesidad material, como para que se cumpliera la Escritura (v.28). Y este es el sentido profundo de toda la escena.
La frase final del v.30 “e inclinando la cabeza, entregó el espíritu/Espíritu”. Es el desenlace de esta breve trama, pero al mismo tiempo es la peripateia de los relatos de la pasión como conjunto, pues constituye la narración de la muerte de Jesús. El fatal destino previsto ya desde el consejo de los jefes judíos después de la resurrección de Lázaro (Jn 11,47-53) y más aun después de la sentencia de Pilato (19,16a).
Llama la atención que la muerte de Jesús es narrada en sentido activo con el verbo “entregar” (cf. 10,18; 15,13). Marca la intención del relato de mostrar que Jesús muere como el que llevado a término y en obediencia la misión que el Padre le confiara (cf. 14,31; 17,4). Hasta el último instante es él el protagonista (10,17-18; 15,13).
Un interrogante de importancia se cierne sobre lo entregado por Jesús: “el espíritu”. Probablemente se trate de un juego con el valor bivalente de la expresión. Por una parte designa el aliento vital (cf. Jn 11,33; 13,21), que se corresponde con el relato tradicional de la muerte de Jesús compartido en este punto con los sinópticos (Mc 15,37 // Lc 23,46; Mt 27,50). Pero también sirva de evocación del don del Espíritu Santo, prometido por Jesús a todos los que creyeran en él. En concreto, que recibirían este don cuando él fuera glorificado (7,39). Su muerte es la hora de su glorificación y, por eso, en ella reciben el Espíritu quienes están a los pies de la cruz, en especial su madre y el discípulo amado como símbolos de la Iglesia. Este sentido es sugerente, pero tiene valor solo si se la considera en un sentido “evocativo y proléptico”, para recordar al lector el fin último para el que Jesús es exaltado en la cruz[5]. El don efectivo del Espíritu es narrado en el Cuarto Evangelio en 20,22 después de la resurrección de Jesús.
f) Jn 19,31-37: Costado traspasado de Jesús
El cambio escénico es notorio por el cambio de personajes y temática: reaparecen en el v.31 los judíos (se subentiende las autoridades hebreas) y Pilato, aunque solo en una narración y no con discursos directos, y en los vv.32-34 los soldados son nombrados explícitamente como ejecutores de las ordenes del gobernador romano. En el v.35 se reconoce el testimonio de un testigo ocular y el comentario del narrador acerca de su veracidad. La temática es distinta, aunque relacionada con la muerte de Jesús, se trata de la lanzada del costado de Jesús que produce la efusión de sangre y agua de su corazón. El hecho está interpretado en el horizonte del cumplimiento de la escritura por dos citaciones del AT en los vv.36-37.
El v.31 sirve de exposición de un nuevo problema que se entrama con la muerte de Jesús. Era el día de preparación del sábado, esto es, el viernes (coincidiendo con Mc 15,42) y ese año ocurría también que aquel sábado coincidía con el primer día de la Pascua (15 de Nisán; Lv 23,6-14). Los judíos no querían que los cuerpos de los condenados quedaran colgados de noche para no trasgredir la norma del Dt 21,22-23. Por eso, los judíos le piden a Pilato que haga acelerar la muerte de los ajusticiados, a fin de asegurar el enterramiento de sus cuerpos antes del sábado tan solemne. En concreto, que se les quebraran las piernas a los crucificados a fin de que murieran y los pudieran descolgar.
No se narra el diálogo, sino solo se remite a él. La petición se corresponde con la antecedente respecto al cambio de la inscripción del letrero sobre la cruz de Jesús (vv.21-22). Por eso, el lector se pregunta si Pilato accederá o no a ella; tal vez la deniegue. Además, el lector sabe que Jesús ya murió y que lo hizo “activamente”, entregando el espíritu. Por tanto, se pregunta también acerca del para qué de este ulterior suplicio.
La respuesta del procurador es suplida por la ejecución de su orden por parte de los soldados. El lector comprende que accedió a la petición hecha y puede valorar el contraste con la anterior petición denegada. La ejecución es narrada con mucha más detención que la petició