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La sexta petición del Padre Nuestro: «Ne nos inducas in tentationem» Monseñor Felipe Bacarreza Rodríguez [1] Obispo de Santa María de los Ángeles, Chile
El 6 de junio pasado los medios de comunicación difundieron la noticia de que el Papa Francisco había cambiado el Padre Nuestro en su sexta petición, que actualmente dice: «No nos dejes caer en la tentación» y que habría sugerido decir, más bien: «No nos dejemos caer en la tentación». De esta manera, se produjo desinformación en los fieles, como suele ocurrir en estos temas. En este espacio trataremos de explicar lo que verdaderamente aprobó el Papa Francisco y lo que nos enseña Jesús que pidamos a Dios realmente en esa sexta petición del Padre Nuestro.
1. La nueva versión italiana del Padre Nuestro
En su 72ª Asamblea Plenaria (12-15 noviembre 2018), la Conferencia Episcopal Italiana aprobó una nueva edición del Misal Romano. En esa edición se incluye una modificación en la sexta petición del Padre Nuestro. Hasta entonces, la versión italiana de esa petición al Padre era la traducción literal del latín y decía así: «Non ci indurre in tentazione» (No nos induzcas a la tentación). En esa Asamblea fue aprobada la versión: «Non abbandonarci alla tentazione» (No nos abandones a la tentación). Esa versión fue aprobada por el Papa Francisco y entró en vigor, junto con el nuevo Misal Romano en italiano, durante la última Asamblea Plenaria de los Obispos italianos, el 22 de mayo de este año 2019. Esta es la noticia que los medios difundieron con titulares como este: «Un hecho histórico: El Papa Francisco modificó el Padre Nuestro». Es la habitual desinformación de los medios de comunicación cuando transmiten noticias relacionadas con la Iglesia Católica.
Ya antes, el 3 de diciembre de 2017, la Conferencia Episcopal francesa había modificado esa petición del Padre Nuestro. La versión anterior decía: «Ne nous soumets pas à la tentation» (No nos sometas a la tentación); y ahora se recita: «Ne nous laisse pas entrer en tentation» (No nos dejes entrar en tentación).
Un medio de nuestro país comentó el cambio aprobado por el Papa Francisco para el Misal Romano italiano diciendo: «El líder católico cambió la frase: “No nos dejes caer en la tentación”, por: “No nos dejemos caer en la tentación”». Y agrega que el Papa lo explicó a las emisoras italianas diciendo: «Soy yo el que cae; no es Dios el que me está empujando a la tentación para ver cómo caí… Un Padre no hace eso, un Padre te ayuda a levantarte inmediatamente. Es Satanás quien nos lleva a la tentación; ese es su departamento». Otro medio escribe: «Se informó que el Sumo Pontífice aprobó reemplazar la frase: “No nos dejes caer en la tentación” por: “No nos dejemos caer en la tentación”». Y esto lo han seguido repitiendo otros medios, sin ninguna verificación, más allá del vago: «Se informó». No hay ninguna constancia de que el Papa Francisco haya propuesto ese cambio en la versión española. La traducción: «No nos dejemos caer en la tentación» es obviamente imposible, porque en el Padre Nuestro nos dirigimos a Dios y no a nosotros mismos.
2. La versión española de la sexta petición
En todo caso, la versión española de esa sexta petición del Padre Nuestro sigue sin ninguna modificación: «No nos dejes caer en la tentación».
¿Qué es lo que pedimos a Dios con esas palabras? Le pedimos que, sometidos a la tentación –ciertamente, por Satanás o por cualquier otro que nos induzca a pecar–, Dios no deje que nosotros caigamos, sino que nos dé la fuerza para resistir y rechazar esa tentación. Es decir, le pedimos que, siendo tentados a cometer el mal, no deje que nosotros cedamos. Entendida así, es una petición muy oportuna y digna de incluirse entre las otras peticiones del Padre Nuestro, como de hecho se hace desde hace mucho tiempo en su versión española.
Hay, sin embargo, un problema: ¡Eso no es lo que Jesús nos enseña que oremos al Padre en esa sexta petición!
3. La oración que Jesús nos enseñó
En el Evangelio tenemos dos versiones del Padre Nuestro, la de Mateo y la de Lucas. Copiamos a continuación ambas tomadas de la Biblia de Jerusalén:
Mt 6, 9-13: «Ustedes oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal».
Lc 11, 2-4: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».
Ambas versiones de la oración que Jesús nos enseñó difieren. La versión que nos transmite Lucas no podría llamarse: «Padre Nuestro», porque comienza llamando a Dios simplemente: «Padre». Pero la petición que nos ocupa, que en Mateo es la sexta, en ambos Evangelios es idéntica. Y es un texto que no tiene variación textual, es decir, en este punto no hay diferencias entre los manuscritos antiguos que contienen esos textos del Evangelio.
4. ¿Cuál es la traducción del texto original griego?
El texto original griego, que, como dijimos, no tiene variación, suena así: «me eis-enénkes hemás eis peirasmón». No hay ninguna otra traducción literal posible que la siguiente: «No nos induzcas hacia tentación». En el texto griego se repite dos veces el prefijo «eis» que expresa «movimiento hacia». Jesús nos enseña entonces que, al orar, entre otras cosas, pidamos a Dios que no nos lleve a «tentación».
Como hemos visto, la traducción española «no nos dejes caer en la tentación» es una buena petición; pero no es lo que Jesús nos enseña a orar. ¿Cuál es la traducción que la Iglesia respalda con su autoridad? Pensemos que se trata de la Palabra de Dios y en un texto emblemático ?el Padre Nuestro?, tal vez el más repetido de todo el Evangelio. Interesa, entonces, saber cuál es la interpretación que la Iglesia hace suya. Esa interpretación es la que propone la versión así llamada «Neo Vulgata», promulgada por el Papa san Juan Pablo II como versión típica y oficial. Dada la importancia del asunto, reproducimos las palabras normativas de la Constitución Apostólica Scripturarum thesaurus de fecha 25 abril de 1979, con la que el Sumo Pontífice promulga esa versión de la Biblia:
«Nosotros, con la fuerza de esta Carta, declaramos y promulgamos la Neo Vulgata de los Libros Sagrados, como edición “típica”, sobre todo, para ser usada en la sagrada Liturgia; pero también, como dijimos, acomodada a los otros ámbitos [se refiere a los estudios bíblicos, de los cuales habla más arriba].
Queremos, por último, que esta Constitución Nuestra sea siempre firme y eficaz y que sea religiosamente observada, por todos aquellos a quienes corresponde, sin que nada obste en contrario» (Constitución Apostólica Scripturarum thesaurus)
¿Cuál es la versión del Padre Nuestro que leemos en la Neo Vulgata y que, por tanto, la Iglesia hace suya como norma para las traducciones? La trascribimos en la versión de Mateo 6, 9-13:
Pater noster, qui es in caelis,
-
sanctificetur nomen tuum,
-
adveniat regnum tuum,
-
fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra.
-
Panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie;
-
et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
-
et ne inducas nos in tentationem,
-
sed libera nos a Malo.
La sexta petición en esa versión oficial es esta: «Ne inducas nos in tentationem».
Como verificación transcribimos también la versión de Lucas en la Neo Vulgata:
Pater,
-
sanctificetur nomen tuum,
-
adveniat regnum tuum;
-
panem nostrum cotidianum da nobis cotidie,
-
et dimitte nobis peccata nostra, si quidem et ipsi dimittimus omni debenti nobis,
-
et ne nos inducas in tentationem.
En Mateo y Lucas la petición, traducida literalmente del latín, es: «No nos induzcas hacia tentación». ¿Cómo puede enseñarnos Jesús que pidamos eso a Dios, como si fuera Él quien nos lleva a la tentación y nosotros tuviéramos que pedirle que no lo haga? Tiene razón el Papa Francisco cuando dice: «Un Padre no hace eso».
Pero no podemos cambiar una frase del Evangelio, que es igualmente clara en su versión original griega (repetida en Mateo y Lucas) y en su versión oficial latina. El problema se resuelve si se da a esa frase su correcta interpretación. Y, para esto, debemos estudiar el significado de la palabra griega que se traduce por «tentación».
5. El significado del término griego «peirasmós» (tentación)
Si consultamos un diccionario griego, encontramos para el término «peirasmós», que es hacia donde Dios nos induciría, los siguientes significados en este mismo orden:
-
Prueba, ensayo, experiencia
-
Tentación
La traducción «tentación» no es la primera acepción de ese término griego. La primera acepción es la prueba o verificación de alguna cosa o la prueba de la fidelidad de una persona. De ese término griego procede nuestra palabra «ex?periencia».
Asimismo, el verbo griego correspondiente: «peiradso» tiene las siguientes acepciones, en este orden:
-
Hacer la prueba o la experiencia de
-
(negativo) Tentar, tratar de seducir o corromper
Entonces, lo que pedimos a Dios es que Él no nos ponga a prueba. Jesús incluye esta petición en el Padre Nuestro, para que todos los cristianos la dirijamos a Dios, como un hijo a su Padre, porque esta petición distingue la oración cristiana de la oración que dirigía a Dios un fiel del Antiguo Testamento.
¿Por qué pedimos a Dios que no nos pruebe? Porque tenemos conciencia de ser pecadores y, por tanto, tememos no pasar bien la prueba, tememos no responder como Dios espera. Esa petición es un reconocimiento de nuestra debilidad e insuficiencia.
Jesús no quiere que nosotros seamos ante Dios como Pedro, cuando le dijo: «Señor, aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré» (Mt 26,33). Era como decirle a Dios: «Ponme a prueba y verificarás mi fidelidad». Sabemos que Dios lo puso a prueba y esa noche, antes de que cantara el gallo, terminó negando a Jesús –incluso conocerlo– tres veces. Estamos seguros de que Pedro se acordó siempre de esa noche, cada vez que, en adelante, oraba: «Padre nuestro, no nos sometas a prueba, sino líbranos del mal». Es como un alumno que pide al profesor que no lo examine, porque tiene conciencia de que puede pasar mal esa prueba.
La novedad esencial de la oración que Jesús nos enseñó en relación con la oración del Antiguo Testamento, es que ha mediado la Encarnación del Hijo de Dios y ahora quien ora es un hijo de Dios. La novedad esencial de la oración que Jesús nos enseñó consiste en llamar a Dios «Padre». En esto difiere la oración cristiana de la oración que dirigía a Dios un fiel del Antiguo Testamento. Pero no es solo algo nominal, sino que corresponde a una realidad, que hace posible el Espíritu Santo. Es el Espíritu del Hijo, que Dios ha enviado a nuestro corazón, quien clama en nosotros: «Abbá, Padre» (cf. Gal 4,6; Rm 8,15). Movidos por el Espíritu, oramos como lo hacía el Hijo de Dios (cf. Mc 14,36). Para que entendamos la novedad y la inmensidad de este modo de llamar a Dios, consideremos que ese fue el motivo por el cual los judíos pedían a Pilato la condena a muerte de Jesús: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios» (Jn 19,7).
6. La oración del fiel en el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento el judío fiel pide a Dios que lo pruebe, porque está seguro de su justicia, gracias a su fiel cumplimiento de la Ley. Antes de examinar la oración del justo en el Antiguo Testamento, veremos algunos relatos de la historia de Israel en los cuales se usa el concepto de «poner a prueba». En todos los textos del Antiguo Testamento que veremos revisaremos la versión griega de los LXX, porque esta es la que usaron los evangelistas. Ellos escribieron en griego y cuando citan el Antiguo Testamento recurren generalmente a esa versión.
Génesis 22,1-2
«Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: “¡Abraham, Abraham!”. Él respondió: “Heme aquí”. Le dijo: “Toma a tu hijo, el amado, al que amas, a Isaac, vete a la tierra elevada y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga”».
El verbo que se ha traducido por «tentar» es el verbo griego «peiradso». En este caso, el sujeto es Dios. Pero Él no está induciendo a Abraham a pecar, que es lo que nosotros entendemos por «tentar». Por eso, la traducción correcta al español es: «Dios puso a prueba a Abraham». La obediencia de Abraham fue total y, en el momento en que iba a inmolar a su hijo, Dios mandó a su ángel a detenerlo: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú temes a Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu amado» (Gn 22,12).
Este hecho es uno de los más dramáticos de la historia sagrada y mereció a Abraham la promesa y el título de «padre en la fe (fidelidad)». Muchos años más tarde, el Sirácide lo comenta así: «Abraham, padre insigne de una multitud de naciones… En su carne grabó la alianza, y en la tentación (peirasmós) fue hallado fiel. Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones…» (Sir 44,19.20.21). Dado que quien prueba a Abraham es Dios, también aquí el término griego «peirasmós» debe ser traducido por «prueba»: «En la prueba fue hallado fiel».
Ya en el Nuevo Testamento, la Epístola a los Hebreos comenta el hecho así: «Por la fe, Abraham, sometido a la prueba (lit. habiendo sido tentado, verbo peiradso), presentó a Isaac como ofrenda, y el que había recibido las promesas, ofrecía a su unigénito, respecto del cual se le había dicho: “Por Isaac tendrás descendencia”. Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró para que Isaac fuera también figura» (Hb 11,17-19). En este caso la Biblia de Jerusalén traduce correctamente el verbo griego «peiradso» por «someter a prueba». Y explica la fidelidad de Abraham como fe en el poder de Dios que, si hubiera sido necesario, habría resucitado a Isaac.
En todos los textos en que el sujeto del verbo «peiradso» es Dios, debe traducirse a nuestras lenguas modernas por «poner a prueba»; y el sustantivo «peirasmós» por «prueba». No podemos traducir ese verbo por «tentar», porque en nuestras lenguas este verbo ha adoptado el significado de «inducir a pecar por engaño o seducción» y esto está excluido, cuando el sujeto es Dios.
Éxodo 15,25-26
En su camino por el desierto, después de su salida de Egipto, el pueblo pasó tres días sin encontrar agua para beber. Llegaron a un lugar donde el agua era amarga. El pueblo murmuró contra Moisés y él invocó al Señor. El Señor mostró a Moisés un madero que él echó en el agua y se volvió dulce. El texto del Éxodo agrega: «Allí el Señor dio a Israel decretos y normas, y allí lo puso a prueba (lit: lo tentó, verbo peiradso). Y dijo: “Si de veras escuchas la voz del Señor, tu Dios, y haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy el Señor, el que te sana”» (Ex 15,25-26). En la versión griega de los LXX se usa el verbo griego: «peiradso». El sujeto de este verbo es Dios: ¡Dios pone a prueba al pueblo! Dios lo somete a la «peirasmós», a la prueba.
Éxodo 16,4
Más adelante, nuevamente el pueblo murmura contra Moisés y Aarón en el desierto por falta de pan y añoran las ollas de carne que comían hasta hartarse en Egipto. Entonces: «El Señor dijo a Moisés: “Mira, yo haré llover sobre ustedes pan del cielo; el pueblo saldrá a recoger cada día la porción diaria; así lo pondré a prueba (verbo peiradso: lo tentaré) para ver si anda o no según mi ley”» (Ex 16,4). Es Dios quien somete a prueba al pueblo, prueba su fidelidad.
Éxodo 20,20
Cuando Dios le dio a su pueblo el Decálogo, el pueblo se mantenía a distancia por los truenos, relámpagos y sonido de la trompeta y por el monte humeante y dicen a Moisés que no sea Dios quien les hable, sino él. Moisés respondió: «No teman, pues Dios ha venido para ponerlos a prueba (lit. tentarlos, verbo peiradso), para que su temor esté ante los ojos de ustedes, y no pequen» (Ex 20,20).
Deuteronomio 8,2
Se podrían proponer otros textos semejantes, pero citaremos el resumen que hace Moisés de esos cuarenta años que el pueblo pasó en el desierto antes de entrar en la tierra prometida: «Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, ponerte a prueba (lit. tentarte, verbo ek-peiradso) y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos» (Dt 8,2).
El pueblo pasó mal la prueba y ese tiempo en el desierto fue una sucesión de infidelidad y murmuración contra Dios y contra Moisés, hasta el punto de que Dios juró que ninguno de los que habían salido de Egipto vería la tierra prometida, la tierra del descanso de Dios, «que mana leche y miel», como lo resume el Salmo 95: «Durante cuarenta años aquella generación me repugnó y dije: “Son un pueblo de corazón torcido, que no conoce mis caminos. Por eso en mi cólera juré: ¡No entrarán en mi descanso!”» (Sal 95,10-11).
Veamos ahora cómo ora un fiel del Antiguo Testamento que cumple fielmente todos los preceptos de la ley.
Salmo 17,3-5 (LXX, 16,3-5)
«Has sondeado mi corazón, de noche me has visitado;
me has examinado al fuego y no has encontrado en mí injusticia;
mi boca no habla las obras de los hombres.
He guardado las sendas trazadas
por las palabras de tus labios.
He ajustado mis pasos a tus veredas
y mis pasos no vacilan».
Aunque no se usa el verbo «peiradso», se usa el concepto de probar con el fuego. El orante se dirige a Dios y le presenta su justicia intachable. Dios no ha encontrado en él injusticia.
Sal 26,2-6 (LXX, 25,2-6)
«Escrútame, Señor, ponme a prueba (péirason me: tiéntame),
pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;
está tu misericordia delante de mis ojos,
y en tu verdad camino.
No voy a sentarme con los falsos,
no ando con hipócritas;
odio la asamblea de malhechores,
y al lado de los impíos no me siento.
Mis manos lavo en la inocencia
y rodeo tu altar, Señor».
El que así ora pide a Dios «que lo ponga a prueba», que lo tiente, porque está seguro de su justicia e inocencia y de que Dios no encontrará en él algo que reprochar. Un cristiano, en cambio, como hemos visto, pide a Dios, su Padre: «No nos conduzcas a peirasmós». Considerando el uso del verbo «peiradso» en el Antiguo Testamento, cuando tiene a Dios como sujeto, que es lo que tienen en mente los evangelistas, deberíamos expresar esa petición a Dios diciendo: «No nos pongas a prueba». Con esta petición tomamos distancia de la mentalidad que basa su justicia en el cumplimiento fiel de la Ley. Para el cristiano «el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino solo por la fidelidad de Jesucristo» (Gal 2,16).
Sabiduría 3,1.5b-6
«Las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno… Dios los sometió a prueba (lit. los tentó) y los halló dignos de sí; como oro en el crisol los examinó y como holocausto los aceptó». (Sb 3,1.5b-6)
Estos textos en que el justo se declara inocente ante Dios, hasta el punto de pedir a Dios que lo someta a la prueba, parecen contradecir otros en que se declara la culpa de todo hombre, como lo hace el Salmo 130: «Si tienes en cuenta las culpas, Señor, Señor, ¿quién podrá resistir?» (Sal 130,3), o como afirma el orante en el Salmo 143: «Señor, no sometas a juicio a tu siervo, pues ningún viviente es justo ante ti» (Sal 143,2). ¿Cómo se explica que en un Salmo el orante declare su justicia, en tanto que en otro se declara que ningún hombre es justo ante Dios? Podemos decir que esos salmos y textos bíblicos en que se declara la justicia de un hombre, se refieren al único hombre en que esto es verdad, el único que puede pedir a Dios que lo someta a la prueba en la certeza de que resultará justo y Dios se complacerá en su justicia. Esos textos están dichos en forma de profecía como anuncio de un hombre que había de venir, sobre quien, después de la prueba a que fue sometido, un testigo, declaró: «Verdaderamente, este hombre era justo» (Lc 23,47). Jesucristo es el que hace verdad aquellos textos en que el orante pide a Dios que lo someta a la prueba, porque verificará su total fidelidad y justicia. Todos los demás seres humanos hacemos verdad los textos en que se declara que ningún ser humano es justo ante Dios. De esa manera, no hay contradicción entre esos textos bíblicos que son Palabra de Dios: se refieren a sujetos distintos.
7. San Pablo: «En cuanto a la justicia de la Ley, intachable»
Ciertamente, el que mejor puede entender esa sexta petición del Padre Nuestro, que Jesús pone en nuestra boca al orar, es san Pablo. En efecto, antes de conocer a Jesús, él se presenta como irreprochable en el cumplimiento de la Ley y, por tanto, justificado ante Dios. El expone su curriculum diciendo: «Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable» (Fil 3,5-6). La justicia que se obtiene por el cumplimiento de la ley es la única que conoce un judío fiel, como era san Pablo. Según su convicción mientras estaba en el judaísmo, si Dios lo sometía a la prueba, iba a resultar irreprochable y, por tanto, justificado. Esta es la opinión que tiene de sí mismo también el fariseo, en una parábola sobre la oración que expone Jesús. Erguido ante Dios, él oraba así: «¡Oh, Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias…» (Lc 18,11-12). Era intachable en cuanto a la ley. Pero no pasó la prueba, como declara Jesús: «Les digo que este no bajo a su casa justificado». En cambio, el publicano suplicaba a Dios que no lo pusiera a prueba; le decía: «¡Oh, Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». Este bajó a su casa justificado. ¿Justificado por qu
La sexta petición del Padre Nuestro: «Ne nos inducas in tentationem» Monseñor Felipe Bacarreza Rodríguez [1] Obispo de Santa María de los Ángeles, Chile
El 6 de junio pasado los medios de comunicación difundieron la noticia de que el Papa Francisco había cambiado el Padre Nuestro en su sexta petición, que actualmente dice: «No nos dejes caer en la tentación» y que habría sugerido decir, más bien: «No nos dejemos caer en la tentación». De esta manera, se produjo desinformación en los fieles, como suele ocurrir en estos temas. En este espacio trataremos de explicar lo que verdaderamente aprobó el Papa Francisco y lo que nos enseña Jesús que pidamos a Dios realmente en esa sexta petición del Padre Nuestro.
1. La nueva versión italiana del Padre Nuestro
En su 72ª Asamblea Plenaria (12-15 noviembre 2018), la Conferencia Episcopal Italiana aprobó una nueva edición del Misal Romano. En esa edición se incluye una modificación en la sexta petición del Padre Nuestro. Hasta entonces, la versión italiana de esa petición al Padre era la traducción literal del latín y decía así: «Non ci indurre in tentazione» (No nos induzcas a la tentación). En esa Asamblea fue aprobada la versión: «Non abbandonarci alla tentazione» (No nos abandones a la tentación). Esa versión fue aprobada por el Papa Francisco y entró en vigor, junto con el nuevo Misal Romano en italiano, durante la última Asamblea Plenaria de los Obispos italianos, el 22 de mayo de este año 2019. Esta es la noticia que los medios difundieron con titulares como este: «Un hecho histórico: El Papa Francisco modificó el Padre Nuestro». Es la habitual desinformación de los medios de comunicación cuando transmiten noticias relacionadas con la Iglesia Católica.
Ya antes, el 3 de diciembre de 2017, la Conferencia Episcopal francesa había modificado esa petición del Padre Nuestro. La versión anterior decía: «Ne nous soumets pas à la tentation» (No nos sometas a la tentación); y ahora se recita: «Ne nous laisse pas entrer en tentation» (No nos dejes entrar en tentación).
Un medio de nuestro país comentó el cambio aprobado por el Papa Francisco para el Misal Romano italiano diciendo: «El líder católico cambió la frase: “No nos dejes caer en la tentación”, por: “No nos dejemos caer en la tentación”». Y agrega que el Papa lo explicó a las emisoras italianas diciendo: «Soy yo el que cae; no es Dios el que me está empujando a la tentación para ver cómo caí… Un Padre no hace eso, un Padre te ayuda a levantarte inmediatamente. Es Satanás quien nos lleva a la tentación; ese es su departamento». Otro medio escribe: «Se informó que el Sumo Pontífice aprobó reemplazar la frase: “No nos dejes caer en la tentación” por: “No nos dejemos caer en la tentación”». Y esto lo han seguido repitiendo otros medios, sin ninguna verificación, más allá del vago: «Se informó». No hay ninguna constancia de que el Papa Francisco haya propuesto ese cambio en la versión española. La traducción: «No nos dejemos caer en la tentación» es obviamente imposible, porque en el Padre Nuestro nos dirigimos a Dios y no a nosotros mismos.
2. La versión española de la sexta petición
En todo caso, la versión española de esa sexta petición del Padre Nuestro sigue sin ninguna modificación: «No nos dejes caer en la tentación».
¿Qué es lo que pedimos a Dios con esas palabras? Le pedimos que, sometidos a la tentación –ciertamente, por Satanás o por cualquier otro que nos induzca a pecar–, Dios no deje que nosotros caigamos, sino que nos dé la fuerza para resistir y rechazar esa tentación. Es decir, le pedimos que, siendo tentados a cometer el mal, no deje que nosotros cedamos. Entendida así, es una petición muy oportuna y digna de incluirse entre las otras peticiones del Padre Nuestro, como de hecho se hace desde hace mucho tiempo en su versión española.
Hay, sin embargo, un problema: ¡Eso no es lo que Jesús nos enseña que oremos al Padre en esa sexta petición!
3. La oración que Jesús nos enseñó
En el Evangelio tenemos dos versiones del Padre Nuestro, la de Mateo y la de Lucas. Copiamos a continuación ambas tomadas de la Biblia de Jerusalén:
Mt 6, 9-13: «Ustedes oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal».
Lc 11, 2-4: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación».
Ambas versiones de la oración que Jesús nos enseñó difieren. La versión que nos transmite Lucas no podría llamarse: «Padre Nuestro», porque comienza llamando a Dios simplemente: «Padre». Pero la petición que nos ocupa, que en Mateo es la sexta, en ambos Evangelios es idéntica. Y es un texto que no tiene variación textual, es decir, en este punto no hay diferencias entre los manuscritos antiguos que contienen esos textos del Evangelio.
4. ¿Cuál es la traducción del texto original griego?
El texto original griego, que, como dijimos, no tiene variación, suena así: «me eis-enénkes hemás eis peirasmón». No hay ninguna otra traducción literal posible que la siguiente: «No nos induzcas hacia tentación». En el texto griego se repite dos veces el prefijo «eis» que expresa «movimiento hacia». Jesús nos enseña entonces que, al orar, entre otras cosas, pidamos a Dios que no nos lleve a «tentación».
Como hemos visto, la traducción española «no nos dejes caer en la tentación» es una buena petición; pero no es lo que Jesús nos enseña a orar. ¿Cuál es la traducción que la Iglesia respalda con su autoridad? Pensemos que se trata de la Palabra de Dios y en un texto emblemático ?el Padre Nuestro?, tal vez el más repetido de todo el Evangelio. Interesa, entonces, saber cuál es la interpretación que la Iglesia hace suya. Esa interpretación es la que propone la versión así llamada «Neo Vulgata», promulgada por el Papa san Juan Pablo II como versión típica y oficial. Dada la importancia del asunto, reproducimos las palabras normativas de la Constitución Apostólica Scripturarum thesaurus de fecha 25 abril de 1979, con la que el Sumo Pontífice promulga esa versión de la Biblia:
«Nosotros, con la fuerza de esta Carta, declaramos y promulgamos la Neo Vulgata de los Libros Sagrados, como edición “típica”, sobre todo, para ser usada en la sagrada Liturgia; pero también, como dijimos, acomodada a los otros ámbitos [se refiere a los estudios bíblicos, de los cuales habla más arriba].
Queremos, por último, que esta Constitución Nuestra sea siempre firme y eficaz y que sea religiosamente observada, por todos aquellos a quienes corresponde, sin que nada obste en contrario» (Constitución Apostólica Scripturarum thesaurus)
¿Cuál es la versión del Padre Nuestro que leemos en la Neo Vulgata y que, por tanto, la Iglesia hace suya como norma para las traducciones? La trascribimos en la versión de Mateo 6, 9-13:
Pater noster, qui es in caelis,
-
sanctificetur nomen tuum,
-
adveniat regnum tuum,
-
fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra.
-
Panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie;
-
et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
-
et ne inducas nos in tentationem,
-
sed libera nos a Malo.
La sexta petición en esa versión oficial es esta: «Ne inducas nos in tentationem».
Como verificación transcribimos también la versión de Lucas en la Neo Vulgata:
Pater,
-
sanctificetur nomen tuum,
-
adveniat regnum tuum;
-
panem nostrum cotidianum da nobis cotidie,
-
et dimitte nobis peccata nostra, si quidem et ipsi dimittimus omni debenti nobis,
-
et ne nos inducas in tentationem.
En Mateo y Lucas la petición, traducida literalmente del latín, es: «No nos induzcas hacia tentación». ¿Cómo puede enseñarnos Jesús que pidamos eso a Dios, como si fuera Él quien nos lleva a la tentación y nosotros tuviéramos que pedirle que no lo haga? Tiene razón el Papa Francisco cuando dice: «Un Padre no hace eso».
Pero no podemos cambiar una frase del Evangelio, que es igualmente clara en su versión original griega (repetida en Mateo y Lucas) y en su versión oficial latina. El problema se resuelve si se da a esa frase su correcta interpretación. Y, para esto, debemos estudiar el significado de la palabra griega que se traduce por «tentación».
5. El significado del término griego «peirasmós» (tentación)
Si consultamos un diccionario griego, encontramos para el término «peirasmós», que es hacia donde Dios nos induciría, los siguientes significados en este mismo orden:
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Prueba, ensayo, experiencia
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Tentación
La traducción «tentación» no es la primera acepción de ese término griego. La primera acepción es la prueba o verificación de alguna cosa o la prueba de la fidelidad de una persona. De ese término griego procede nuestra palabra «ex?periencia».
Asimismo, el verbo griego correspondiente: «peiradso» tiene las siguientes acepciones, en este orden:
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Hacer la prueba o la experiencia de
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(negativo) Tentar, tratar de seducir o corromper
