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Beatos mártires de la comunidad trapense de Tibhirine[/caption]
Beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, misioneras agustinas[/caption]
Beato Pierre Claverie, obispo de Orán[/caption]
Beatos mártires Alain, Jean, Charles y Christian, Padres Blancos[/caption]
Presentamos a continuación los artículos referentes a la histórica beatificación de 19 mártires que ofrecieron sus vidas en Argelia a mediados de la década de los 90.
[caption id="attachment_1199" align="aligncenter" width="690"]
Beatos mártires de la comunidad trapense de Tibhirine[/caption] 19 nuevos beatos de Argelia: Mártires de hoy, de la vida cotidiana
La radicalización de grupos islámicos en Argelia a fines de los años 80 y comienzos de los 90, acentuada por una crisis política que quiso marginar de la vida pública al Frente Islámico de Salvación, desencadenó en 1992 una guerra civil en el país norafricano. Diversas facciones guerrilleras y militares se enfrentaron en un cruento conflicto que se prolongó hasta 2002 y dejó un saldo superior a 200 mil víctimas fatales, además de miles de desaparecidos.
En medio de este panorama de violencia y muerte, la modesta presencia de la Iglesia Católica se revelaba como un signo de esperanza y fraternidad a un pueblo argelino de profunda raíz musulmana. Los sectores más pobres de la población eran quienes habían acogido con mayor beneplácito a los miembros de diversas congregaciones católicas que evangelizaban ante todo con un servicio a la promoción humana, en especial a los jóvenes y a las mujeres. Desde ahí también habían brotado fecundas experiencias de diálogo interreligioso y oración común que fortalecían el mutuo entendimiento cultural.
Sin embargo, el avance de las guerrillas y la dinámica propia de la guerra civil, que en un comienzo se limitaba solo a enfrentamientos entre diversos bandos armados, derivó pronto en despiadados ataques a civiles. Pueblos y vecindarios enteros fueron torturados y masacrados, y todo aquel que no adhiriera a un islamismo radical pasó a ser objetivo de los grupos rebeldes más extremos. Así, los cristianos fueron cercados por la violencia y muchos, como medida de prudencia, abandonaron el país. Pero no todos.
El obispo de Orán, Pierre Claverie, dominico y eminente promotor del diálogo entre cristianos y musulmanes, fue testigo privilegiado del discernimiento individual y comunitario que realizaron miembros de diversas congregaciones. Ellos, habiendo sopesado los riesgos, sintieron el llamado de Dios a permanecer como testigos del Evangelio en medio del caos y al servicio del pueblo argelino.
Así, entre 1994 y 1996, los años más difíciles para estas comunidades durante el decenio negro de Argelia, 19 religiosas y religiosos católicos de Francia, España, Bélgica y Túnez fueron martirizados de diversas maneras por grupos armados.
La aclamada película del director francés Xavier Beauvois, “De dioses y hombres”, galardonada en el Festival de Cine de Cannes de 2010, retrató el proceso de decisión comunitaria de los siete monjes trapenses de Tibhirine, secuestrados en marzo de 1996 y asesinados en mayo del mismo año. Como ellos, religiosas, sacerdotes y hasta el mismo obispo Claverie murieron producto de la violencia.
El sábado 8 de diciembre, para la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Universal los reconoció como mártires de la fe y los nombró beatos. La celebración litúrgica presidida por el Prefecto para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Becciu, se llevo a cabo en el Santuario de Nuestra Señora de la Cruz, en la ciudad de Orán, con la particularidad histórica de ser la primera ceremonia de este tipo que se realiza en una ciudad musulmana.
En las próximas líneas ofrecemos el testimonio del sacerdote lazarista Jean Landousies, que conoció a todos los nuevos beatos; así como la descripción de un religioso que participó en el proceso de beatificación; la homilía de la celebración litúrgica que los proclamó beatos; y el mensaje que envió el Papa Francisco para dicha ocasión.
[caption id="attachment_1202" align="aligncenter" width="754"]
Beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, misioneras agustinas[/caption] 19 mártires, una sola causa:
El proceso de beatificación de los testigos de Argelia
Rémy Bazin[1]
Sacerdote de la Comunidad Saint-Martin
Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018) Autor: Rémy Bazin, Sacerdote de la Comunidad Saint-Martin Para citar: Bazin, Rémy; El proceso de beatificación de los testigos de Argelia, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 336-341
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1. La lista y su orden
En primer lugar, hay que subrayar que la reagrupación en una sola causa de los 19 mártires de Argelia, pertenecientes a ocho congregaciones religiosas diferentes y asesinados en dos diócesis diferentes, es una decisión que se ha tomado en consulta con todos los actores implicados (obispos, congregaciones y familias). Pero reunir a varios mártires en una sola causa es también una práctica común de la Iglesia, en la medida en que se cumplan tres condiciones:
-
La causa de la persecución es la misma para todos los mártires.
-
El fallecimiento se produjo en la misma localidad o en una zona geográfica limitada.
-
El martirio ocurrió a un mismo tiempo o, al menos, en un período de tiempo relativamente corto.
Estas tres condiciones de unidad de causa, tiempo y lugar se cumplen en este caso, ya que la muerte de estos religiosos se produjo en el espacio de dos años, entre el 8 de mayo de 1994 y el 1 de agosto de 1996, ciertamente en cuatro localidades diferentes, pero en el mismo territorio de la pequeña Iglesia de Argelia. Además, ocurrieron especialmente en el mismo contexto político y religioso de la década negra que vivió la sociedad argelina, donde el surgimiento del islamismo radical impulsó un intento de eliminar del territorio argelino a todos los no musulmanes y, por lo tanto, también a los cristianos.
La Causa lleva el nombre de Monseñor Pierre Claverie, dominico, obispo de Orán, que es por tanto el primero de la lista, aunque en realidad fue el último de los 19 religiosos y religiosas en ser asesinado. Sin embargo, fue elegido como figura emblemática, por su destacada personalidad, no solo en la Iglesia de Argelia, sino también en la sociedad argelina, en particular por su compromiso con el diálogo islámico-cristiano.
Los otros 18 mártires se enumeran en orden cronológico de su muerte, pero pueden agruparse en tres grupos según el lugar de su asesinato:
-
El primer grupo incluye a los siete religiosos y religiosas asesinados en Argel, en distritos populares con fuertes raíces islamistas, donde han mantenido sus actividades entre la población local.
-
El segundo grupo está formado por los cuatro Padres Blancos, asesinados en Tizi-Ouzou, en la capital de Cabilia.
-
El tercer grupo está formado por los siete trapenses, miembros de la comunidad de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, en la región de Medea, secuestrados de su monasterio y ejecutados dos meses después.
El más joven de estos 19 mártires, el Padre Christian Chessel, Padre Blanco, tenía 36 años y dos de sacerdote, y el mayor, el hermano Luc Dochier, médico de la comunidad de Tibhirine, de 82 años, 50 de los cuales pasó en Argelia.
[caption id="attachment_1205" align="aligncenter" width="774"]
Beato Pierre Claverie, obispo de Orán[/caption] 2. La historia de la Causa
El drama de la muerte de estos 19 religiosos y su testimonio ha tenido y sigue teniendo un impacto considerable, mucho más allá de las fronteras de la Iglesia. La reputación de martirio fue inmediata y creciente. El Papa Juan Pablo II, que siguió de cerca todos los acontecimientos en Argelia, fue uno de sus primeros artífices, con la publicación de numerosos mensajes y el envío de representantes personales a los funerales, pero también con la celebración del Jubileo conmemorativo de los Testigos de la Fe del siglo XX, que tuvo lugar el 7 de mayo de 2000, en el Coliseo de Roma, donde se mencionó la figura de los mártires de Argelia. A partir de dicho momento se plantea la cuestión de su posible beatificación.
Después de un período de discernimiento por parte de todos los actores implicados, la investigación diocesana comenzó en Argel en 2007 y finalizó en 2012. Las Actas (6759 páginas, 20 volúmenes) fueron sometidas a la Congregación de las Causas de los Santos y validadas el 15 de febrero de 2013. Comenzó entonces la fase romana de la Causa, que concluyó el 16 de enero de 2018 con el voto favorable de los Cardenales y Obispos, miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, reunidos en Asamblea Ordinaria. Finalmente, el 26 de enero, durante la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación, Cardenal Angelo Amato, el Santo Padre aprobó la publicación del decreto de reconocimiento del martirio, abriendo así el camino para la celebración de la Beatificación.
3. Los criterios generales del martirio
Podemos distinguir entre martirio material y martirio formal. El martirio material corresponde a una muerte violenta, que puede ser instantánea o causada por la privación y el abuso como causa directa de la muerte. Pero lo que hace el martirio no es el dolor sufrido, sino la causa de ese dolor, lo que corresponde al martirio formal por parte de los perseguidores: el odium fidei. El martirio requiere que la muerte sea consecuencia del odio a la fe. Este término no debe entenderse tanto como el odio a las verdades en las que hay que creer, como el odio al comportamiento inspirado por la fe cristiana vivido en coherencia con ella.
El martirio formal por parte de los Siervos de Dios es la aceptación voluntaria de la muerte en nombre de la fe. Aceptar la muerte, por ende, significa que no es necesario tener una voluntad positiva o buscarla, sino que no basta con haberla padecido pasivamente. Aceptar voluntariamente implica haber manifestado con un acto de voluntad, de libertad y de amor que se pretende hacer de la muerte un testimonio de la unión y de la fe en Cristo.
4. Las pruebas del martirio
Todos estos elementos deben ser probados mediante testimonios o documentos.
En este caso, la prueba testimonial consiste en el interrogatorio de 123 testigos. Entre ellos, solo dos son testigos presenciales de la muerte de uno de los religiosos, todos los demás dan testimonio de la vida y la reputación de los 19 religiosos como mártires. Los testigos escuchados fueron obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y unos cincuenta laicos, entre ellos, una veintena de argelinos.
Las pruebas documentales también son abundantes. De los 1897 documentos recogidos durante la investigación diocesana, 204 fueron seleccionados para el estudio de la fase romana. Fueron elegidos entre los más significativos para atestiguar la dimensión material y formal del martirio.
a. Martirio Material
No siempre ha sido fácil reconstruir el martirio material en todos sus detalles, ya que todos los asesinatos se llevaron a cabo clandestinamente o, al menos, excepto dos, sin la presencia de testigos occidentales: once asesinatos con armas de fuego, un secuestro seguido de la muerte y un atentado con bomba. Además, no se realizaron procesos jurídicos. En el caso de los mártires de Tizi-Ouzou, no se llevó a cabo ninguna investigación judicial después de su asesinato. Excepto el Obispo Claverie, ningún documento de los tribunales o de la policía argelina pudo ser consultado, debido a la imposibilidad de acceder a dichas fuentes, o incluso de saber si existen.
A pesar de estas dificultades, sin embargo, la documentación es suficiente para establecer el martirio material en sí mismo. Las sombras que quedan se refieren a ciertas circunstancias de la muerte. Sin embargo, lo que más le importa a la Iglesia no es tanto el cómo, sino el porqué de los hechos.
b. Martirio Formal por parte de los perseguidores
A falta de poder interrogar directamente a los autores de los asesinatos, que no están todos identificados, la prueba del odium fidei por parte de los perseguidores está en el contexto, los textos de las reivindicaciones y el modus operandi de los asesinos.
El contexto. El análisis del contexto político y religioso de Argelia permite identificar a varios grupos islámicos violentos que promueven una política de purificación del territorio argelino de toda presencia considerada impura, de judíos, cristianos y malhechores, quienes desde el ultimátum de finales de 1993 habían sido directamente amenazados de muerte si no abandonaban el país. No hay que olvidar que la crisis política de Argelia en los años 90 dejó entre 100 mil y 150 mil víctimas fatales. Por lo tanto, se trata de una tragedia terrible que afectó a todo un país y que enlutó a miles de familias. No solo afectó a los cristianos, pero está claro que aquellos atacados lo fueron porque eran cristianos.
Los textos de las reivindicaciones. Los términos utilizados en los comunicados de reivindicación son inequívocos, ya sea el asesinato del hermano Henri y de la hermana Paul-Hélène y de los cuatro Padres Blancos de Tizi-Ouzou, o el recibido después del secuestro de los monjes de Tibhirine, anunciando luego su ejecución. Se les acusó de ser “cruzados”, “evangelizadores”, y se hace referencia explícita a una política de “eliminación física” y “aniquilación” cristianos.
El modus operandi de los asesinos. Las hermanas agustinas y sor Odette fueron asesinadas con un arma de fuego cuando se dirigían a misa, y las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles fueron asesinadas a tiros cuando salían. Para monseñor Farhat, Nuncio Apostólico en Argelia en ese momento, mientras que el primer atentado a una biblioteca frecuentada por muchos estudiantes de secundaria, tanto hombres como mujeres, podría sugerir que el ataque estaba dirigido contra las obras de la Iglesia, las condiciones del asesinato de las religiosas demuestran claramente que era la fe de los cristianos lo que estaba directamente en el punto de mira.
c. El Martirio Formal por parte de los Siervos de Dios
En cuanto al martirio formal por parte de los Siervos de Dios, en ausencia del testimonio de sus últimos momentos o de sus últimas palabras, se ha podido contar con sus escritos y declaraciones de otras personas.
Sus escritos nos hacen comprender el sentido que querían dar a sus vidas, la conciencia que tenían de su vocación particular en este país y del peligro que corrían por permanecer allí, así como de la perspectiva de una posible muerte violenta, aceptada en la voluntad de imitar a Cristo, por amor, hasta el final.
Las declaraciones de testigos, la gran mayoría de los cuales había compartido la vida de los Siervos de Dios, nos dan una buena visión de su personalidad humana y espiritual, y nos permiten ver cuál fue su trabajo apostólico y su integración en la sociedad argelina, así como su apego a Argelia y a su pueblo.
Escritos y testimonios permiten ilustrar tres elementos particularmente significativos para demostrar el martirio formal:
Su plena conciencia del peligro. El hermano Henri Vergès sabía que era un objetivo personal. De hecho, se le informó de que su nombre figuraba en una lista de futuras víctimas en las mezquitas fundamentalistas de Argel. Para otros, el riesgo era igual de real, especialmente después de la conmoción de los primeros asesinatos. Las reglas de precaución que adoptaron atestiguan entonces que no ignoraban el peligro ni que estaban en una actitud “suicida”.
El discernimiento, generalmente realizado a nivel comunitario, sobre la actitud a adoptar frente a la amenaza islamista. El resultado de la reflexión llevada a cabo por todas las comunidades religiosas, con sus superiores y con su obispo, monseñor Tessier, se plasmó a menudo en una declaración escrita de las razones por las que decidieron quedarse. Esta elección de la comunidad fue ratificada por la decisión personal de cada individuo, también expresada por escrito. Muchos expresan no solo la aceptación del martirio, sino también el perdón dado de antemano a los asesinos.
El ascenso espiritual experimentado por los Siervos de Dios, personal y comunitariamente. Testimonios y escritos subrayan hasta qué punto este período dramático fue también para cada uno la ocasión de un profundo cambio interior, de una mayor comunión fraterna, de pacificación, de abandono, de una ofrenda de sí mismos vivida en la oración y en la fidelidad a la Eucaristía.
Conclusión
Las pruebas documentales aportadas junto con el testimonio de los testigos constituyen, por lo tanto, una prueba convincente que muestra claramente que la locura asesina que golpeó a los 19 Siervos de Dios fue motivada por el odio a la fe cristiana, pero también por el odio a la caridad cristiana, a sus obras de apostolado, especialmente entre los jóvenes y las mujeres, así como por el odio a la esperanza cristiana, que todos y cada uno de los miembros de la Iglesia quisieron aportar al permanecer presentes junto a un pueblo que también era martirizado.
La documentación también nos permite afirmar que es en completa libertad y conciencia que cada uno de los 19 Siervos de Dios eligió permanecer en Argelia, en sus lugares cotidianos y a riesgo de sus vidas. Sin buscar el martirio, no obstante, ellos hicieron el don libre de sus vidas por amor a Dios, a la Iglesia y a Argelia.
«Que la diplomacia, la política o una mirada sin trascendencia sobre estos acontecimientos no nos prive de la voz de nuestros mártires y silencie el clamor de su grito de amor y de fe» (Dom Olivera, Abad General de la Orden Cisterciense, llamando en 1996 a no olvidar el testimonio de los mártires de Argelia).
«Los asesinos no les quitaron sus vidas: se las habían dado de antemano, al igual que los otros doce religiosos y religiosas, entre ellos nuestro hermano el obispo Pierre Claverie, asesinados en los años oscuros de Argelia. No huyeron de la violencia: la combatieron con las armas del amor, de la acogida fraterna, de la oración comunitaria» (Papa Francisco, en el prefacio del libro Thibirine, la herencia, con ocasión del 20º aniversario de la muerte de los monjes de Thibirine).
NOTA
[1] Sacerdote francés de la Comunidad Saint-Martin y oficial de la Congregación para las Causas de los Santos. Este artículo corresponde a la ponencia que realizó en el Instituto Cultural Francés Saint-Louis de Roma el 4 de diciembre de 2018. La traducción al castellano del original en francés es de la redacción de La Revista Católica.
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Beatos mártires Alain, Jean, Charles y Christian, Padres Blancos[/caption] Testimonio sobre 19 vidas entregadas por Dios y Argelia
Jean Landousies, C.M.[1]
Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018) Autor: Jean Landousies, C.M. Para citar: Landousies, Jean; Testimonio sobre 19 vidas entregadas por Dios y Argelia, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 342-346
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En primer lugar, quisiera agradecer la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los 19 religiosos y religiosas que serán beatificados el próximo sábado en Orán. Habiendo vivido en Argelia durante más de 20 años, como responsable de la formación permanente en las diócesis y Secretario General de la Conferencia Episcopal de África del Norte, los conocí personalmente a todos. Juntos vivimos gran parte de esos años oscuros en los que Argelia supo de tanta violencia, compartimos el mismo ideal de vida, el mismo compromiso, cada uno a su manera. ¡Y 19 de entre nosotros fueron víctimas de esta violencia! Por lo tanto, los que todavía estamos aquí tenemos que dar testimonio, no solo de los acontecimientos en sí mismos, sino sobre todo del significado de este compromiso de compartir las pruebas del pueblo argelino. Y es con esto en mi corazón que comparto estos pocos pensamientos con ustedes. Así pues, tomo la palabra con cierta emoción.
«Si alguna vez - y podría ser hoy - me convirtiera en víctima del terrorismo, que ahora pareciera querer abarcar a todos los extranjeros que viven en Argelia, me gustaría que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia recordaran que mi vida fue entregada a Dios y a este país. Que acepten que el Único Maestro de toda vida no será ajeno a esta partida brutal. Que oren por mí: ¿cómo seré hallado digno de tal ofrenda? Que sepan asociar esta muerte con tantas otras tan violentas, dejadas en la indiferencia del anonimato».
Sin duda, ustedes han reconocido el comienzo del testamento espiritual de Christian de Chergé, el Prior de Tibhirine. En realidad no es una, sino 19 vidas entregadas! ¡Vidas entregadas! Creo que eso es lo más importante. Estos religiosos y religiosas no eran dulces soñadores, y menos aún teóricos o prosélitos, realmente hicieron ofrenda de sus vidas porque creían en la fuerza del amor. Lo hicieron a sabiendas, no porque buscaban el martirio -el martirio cristiano no es algo que hay que buscar-, sino porque quisieron llegar al final de su compromiso en y con la Iglesia de Argelia. Y esta es una primera cosa que me gustaría subrayar: lo que han vivido estos religiosos y religiosas es situarse en la vida de la Iglesia de Argelia; una Iglesia del encuentro, que siempre ha querido ser dialogante y solidaria con el pueblo argelino. Un diálogo de vida, sin duda, pero de la vida en todas sus dimensiones, tanto humana como espiritual en la medida de lo posible. ¡El diálogo islámico-cristiano, con todas sus dificultades, no es solo una prioridad, sino una necesidad! Y para vivir este encuentro, esta Iglesia, según los acontecimientos, se ha ido despojando poco a poco de todo lo que no es esencial, ya sea en sus instituciones, o más aún en sus formas de hacer o de pensar. Hay tantas cosas que nos agobian y que no son necesarias para ser verdaderamente la Iglesia de Cristo, para presentar su auténtico rostro. El despejo es una condición esencial para ir realmente al encuentro de la gente. Esto es lo que la Iglesia en Argelia ha llegado a comprender y experimentar. Esto es lo que vivieron nuestros 19 hermanos y hermanas de manera radical, hasta el despojo supremo. ¡Ellos entregaron todo! Creo que han realizado plenamente, a su manera, el sueño del Papa Francisco: «Una Iglesia pobre, para los pobres».
Fue con este espíritu de despojo y de servicio que estos religiosos y religiosas vivieron su solidaridad con el pueblo argelino, sometido a una violencia inaudita. Durante años, todos ellos habían vivido relaciones de amistad, colaboración y cercanía con la gente de sus barrios en los ámbitos de la salud, la educación de los jóvenes o de las mujeres, etc. Como todos nosotros en aquella época, habían visto morir a su alrededor tantos hombres y mujeres inocentes. Y ellos también aceptaron el riesgo de correr la misma suerte, porque querían ser testigos de que más allá de las diferencias de cultura, religión y nacionalidad, una misma humanidad nos unía. Una humanidad que nosotros, los cristianos, llamamos familia de Dios. No fue del todo fácil tomar la decisión de quedarse en dicho país en medio de todos los peligros. Cada uno tomó su decisión personalmente, después de mucha reflexión en comunidad y en la Iglesia. Y quisiera subrayar aquí el valiente rol del entonces arzobispo de Argel, monseñor Henri Teissier, en el acompañamiento del discernimiento de cada persona. Y estoy muy contento de ver que hoy, a la edad de 89 años, podrá ver la beatificación de estos hermanos y hermanas! El sábado pasado el periódico La Croix, tituló refiriéndose a él: «¡El vigésimo Beato!».
Pensemos en primer lugar en el testimonio de los siete monjes de Tibhirine, secuestrados el 26 de marzo de 1996 y encontrados el 21 de mayo: Christian, Luc, Célestin, Paul, Michel, Bruno y Christophe, el más joven, a quien tuve la alegría de acompañar en parte de su preparación al sacerdocio. Esta comunidad de Nuestra Señora del At
Presentamos a continuación los artículos referentes a la histórica beatificación de 19 mártires que ofrecieron sus vidas en Argelia a mediados de la década de los 90.
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Beatos mártires de la comunidad trapense de Tibhirine[/caption] 19 nuevos beatos de Argelia: Mártires de hoy, de la vida cotidiana
La radicalización de grupos islámicos en Argelia a fines de los años 80 y comienzos de los 90, acentuada por una crisis política que quiso marginar de la vida pública al Frente Islámico de Salvación, desencadenó en 1992 una guerra civil en el país norafricano. Diversas facciones guerrilleras y militares se enfrentaron en un cruento conflicto que se prolongó hasta 2002 y dejó un saldo superior a 200 mil víctimas fatales, además de miles de desaparecidos.
En medio de este panorama de violencia y muerte, la modesta presencia de la Iglesia Católica se revelaba como un signo de esperanza y fraternidad a un pueblo argelino de profunda raíz musulmana. Los sectores más pobres de la población eran quienes habían acogido con mayor beneplácito a los miembros de diversas congregaciones católicas que evangelizaban ante todo con un servicio a la promoción humana, en especial a los jóvenes y a las mujeres. Desde ahí también habían brotado fecundas experiencias de diálogo interreligioso y oración común que fortalecían el mutuo entendimiento cultural.
Sin embargo, el avance de las guerrillas y la dinámica propia de la guerra civil, que en un comienzo se limitaba solo a enfrentamientos entre diversos bandos armados, derivó pronto en despiadados ataques a civiles. Pueblos y vecindarios enteros fueron torturados y masacrados, y todo aquel que no adhiriera a un islamismo radical pasó a ser objetivo de los grupos rebeldes más extremos. Así, los cristianos fueron cercados por la violencia y muchos, como medida de prudencia, abandonaron el país. Pero no todos.
El obispo de Orán, Pierre Claverie, dominico y eminente promotor del diálogo entre cristianos y musulmanes, fue testigo privilegiado del discernimiento individual y comunitario que realizaron miembros de diversas congregaciones. Ellos, habiendo sopesado los riesgos, sintieron el llamado de Dios a permanecer como testigos del Evangelio en medio del caos y al servicio del pueblo argelino.
Así, entre 1994 y 1996, los años más difíciles para estas comunidades durante el decenio negro de Argelia, 19 religiosas y religiosos católicos de Francia, España, Bélgica y Túnez fueron martirizados de diversas maneras por grupos armados.
La aclamada película del director francés Xavier Beauvois, “De dioses y hombres”, galardonada en el Festival de Cine de Cannes de 2010, retrató el proceso de decisión comunitaria de los siete monjes trapenses de Tibhirine, secuestrados en marzo de 1996 y asesinados en mayo del mismo año. Como ellos, religiosas, sacerdotes y hasta el mismo obispo Claverie murieron producto de la violencia.
El sábado 8 de diciembre, para la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Universal los reconoció como mártires de la fe y los nombró beatos. La celebración litúrgica presidida por el Prefecto para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Becciu, se llevo a cabo en el Santuario de Nuestra Señora de la Cruz, en la ciudad de Orán, con la particularidad histórica de ser la primera ceremonia de este tipo que se realiza en una ciudad musulmana.
En las próximas líneas ofrecemos el testimonio del sacerdote lazarista Jean Landousies, que conoció a todos los nuevos beatos; así como la descripción de un religioso que participó en el proceso de beatificación; la homilía de la celebración litúrgica que los proclamó beatos; y el mensaje que envió el Papa Francisco para dicha ocasión.
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Beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, misioneras agustinas[/caption] 19 mártires, una sola causa:
El proceso de beatificación de los testigos de Argelia
Rémy Bazin[1]
Sacerdote de la Comunidad Saint-Martin
Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018) Autor: Rémy Bazin, Sacerdote de la Comunidad Saint-Martin Para citar: Bazin, Rémy; El proceso de beatificación de los testigos de Argelia, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 336-341
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1. La lista y su orden
En primer lugar, hay que subrayar que la reagrupación en una sola causa de los 19 mártires de Argelia, pertenecientes a ocho congregaciones religiosas diferentes y asesinados en dos diócesis diferentes, es una decisión que se ha tomado en consulta con todos los actores implicados (obispos, congregaciones y familias). Pero reunir a varios mártires en una sola causa es también una práctica común de la Iglesia, en la medida en que se cumplan tres condiciones:
-
La causa de la persecución es la misma para todos los mártires.
-
El fallecimiento se produjo en la misma localidad o en una zona geográfica limitada.
-
El martirio ocurrió a un mismo tiempo o, al menos, en un período de tiempo relativamente corto.
Estas tres condiciones de unidad de causa, tiempo y lugar se cumplen en este caso, ya que la muerte de estos religiosos se produjo en el espacio de dos años, entre el 8 de mayo de 1994 y el 1 de agosto de 1996, ciertamente en cuatro localidades diferentes, pero en el mismo territorio de la pequeña Iglesia de Argelia. Además, ocurrieron especialmente en el mismo contexto político y religioso de la década negra que vivió la sociedad argelina, donde el surgimiento del islamismo radical impulsó un intento de eliminar del territorio argelino a todos los no musulmanes y, por lo tanto, también a los cristianos.
La Causa lleva el nombre de Monseñor Pierre Claverie, dominico, obispo de Orán, que es por tanto el primero de la lista, aunque en realidad fue el último de los 19 religiosos y religiosas en ser asesinado. Sin embargo, fue elegido como figura emblemática, por su destacada personalidad, no solo en la Iglesia de Argelia, sino también en la sociedad argelina, en particular por su compromiso con el diálogo islámico-cristiano.
Los otros 18 mártires se enumeran en orden cronológico de su muerte, pero pueden agruparse en tres grupos según el lugar de su asesinato:
-
El primer grupo incluye a los siete religiosos y religiosas asesinados en Argel, en distritos populares con fuertes raíces islamistas, donde han mantenido sus actividades entre la población local.
-
El segundo grupo está formado por los cuatro Padres Blancos, asesinados en Tizi-Ouzou, en la capital de Cabilia.
-
El tercer grupo está formado por los siete trapenses, miembros de la comunidad de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, en la región de Medea, secuestrados de su monasterio y ejecutados dos meses después.
El más joven de estos 19 mártires, el Padre Christian Chessel, Padre Blanco, tenía 36 años y dos de sacerdote, y el mayor, el hermano Luc Dochier, médico de la comunidad de Tibhirine, de 82 años, 50 de los cuales pasó en Argelia.
[caption id="attachment_1205" align="aligncenter" width="774"]
Beato Pierre Claverie, obispo de Orán[/caption] 2. La historia de la Causa
El drama de la muerte de estos 19 religiosos y su testimonio ha tenido y sigue teniendo un impacto considerable, mucho más allá de las fronteras de la Iglesia. La reputación de martirio fue inmediata y creciente. El Papa Juan Pablo II, que siguió de cerca todos los acontecimientos en Argelia, fue uno de sus primeros artífices, con la publicación de numerosos mensajes y el envío de representantes personales a los funerales, pero también con la celebración del Jubileo conmemorativo de los Testigos de la Fe del siglo XX, que tuvo lugar el 7 de mayo de 2000, en el Coliseo de Roma, donde se mencionó la figura de los mártires de Argelia. A partir de dicho momento se plantea la cuestión de su posible beatificación.
Después de un período de discernimiento por parte de todos los actores implicados, la investigación diocesana comenzó en Argel en 2007 y finalizó en 2012. Las Actas (6759 páginas, 20 volúmenes) fueron sometidas a la Congregación de las Causas de los Santos y validadas el 15 de febrero de 2013. Comenzó entonces la fase romana de la Causa, que concluyó el 16 de enero de 2018 con el voto favorable de los Cardenales y Obispos, miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, reunidos en Asamblea Ordinaria. Finalmente, el 26 de enero, durante la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación, Cardenal Angelo Amato, el Santo Padre aprobó la publicación del decreto de reconocimiento del martirio, abriendo así el camino para la celebración de la Beatificación.
3. Los criterios generales del martirio
Podemos distinguir entre martirio material y martirio formal. El martirio material corresponde a una muerte violenta, que puede ser instantánea o causada por la privación y el abuso como causa directa de la muerte. Pero lo que hace el martirio no es el dolor sufrido, sino la causa de ese dolor, lo que corresponde al martirio formal por parte de los perseguidores: el odium fidei. El martirio requiere que la muerte sea consecuencia del odio a la fe. Este término no debe entenderse tanto como el odio a las verdades en las que hay que creer, como el odio al comportamiento inspirado por la fe cristiana vivido en coherencia con ella.
El martirio formal por parte de los Siervos de Dios es la aceptación voluntaria de la muerte en nombre de la fe. Aceptar la muerte, por ende, significa que no es necesario tener una voluntad positiva o buscarla, sino que no basta con haberla padecido pasivamente. Aceptar voluntariamente implica haber manifestado con un acto de voluntad, de libertad y de amor que se pretende hacer de la muerte un testimonio de la unión y de la fe en Cristo.
4. Las pruebas del martirio
Todos estos elementos deben ser probados mediante testimonios o documentos.
En este caso, la prueba testimonial consiste en el interrogatorio de 123 testigos. Entre ellos, solo dos son testigos presenciales de la muerte de uno de los religiosos, todos los demás dan testimonio de la vida y la reputación de los 19 religiosos como mártires. Los testigos escuchados fueron obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y unos cincuenta laicos, entre ellos, una veintena de argelinos.
Las pruebas documentales también son abundantes. De los 1897 documentos recogidos durante la investigación diocesana, 204 fueron seleccionados para el estudio de la fase romana. Fueron elegidos entre los más significativos para atestiguar la dimensión material y formal del martirio.
a. Martirio Material
No siempre ha sido fácil reconstruir el martirio material en todos sus detalles, ya que todos los asesinatos se llevaron a cabo clandestinamente o, al menos, excepto dos, sin la presencia de testigos occidentales: once asesinatos con armas de fuego, un secuestro seguido de la muerte y un atentado con bomba. Además, no se realizaron procesos jurídicos. En el caso de los mártires de Tizi-Ouzou, no se llevó a cabo ninguna investigación judicial después de su asesinato. Excepto el Obispo Claverie, ningún documento de los tribunales o de la policía argelina pudo ser consultado, debido a la imposibilidad de acceder a dichas fuentes, o incluso de saber si existen.
A pesar de estas dificultades, sin embargo, la documentación es suficiente para establecer el martirio material en sí mismo. Las sombras que quedan se refieren a ciertas circunstancias de la muerte. Sin embargo, lo que más le importa a la Iglesia no es tanto el cómo, sino el porqué de los hechos.
b. Martirio Formal por parte de los perseguidores
A falta de poder interrogar directamente a los autores de los asesinatos, que no están todos identificados, la prueba del odium fidei por parte de los perseguidores está en el contexto, los textos de las reivindicaciones y el modus operandi de los asesinos.
El contexto. El análisis del contexto político y religioso de Argelia permite identificar a varios grupos islámicos violentos que promueven una política de purificación del territorio argelino de toda presencia considerada impura, de judíos, cristianos y malhechores, quienes desde el ultimátum de finales de 1993 habían sido directamente amenazados de muerte si no abandonaban el país. No hay que olvidar que la crisis política de Argelia en los años 90 dejó entre 100 mil y 150 mil víctimas fatales. Por lo tanto, se trata de una tragedia terrible que afectó a todo un país y que enlutó a miles de familias. No solo afectó a los cristianos, pero está claro que aquellos atacados lo fueron porque eran cristianos.
Los textos de las reivindicaciones. Los términos utilizados en los comunicados de reivindicación son inequívocos, ya sea el asesinato del hermano Henri y de la hermana Paul-Hélène y de los cuatro Padres Blancos de Tizi-Ouzou, o el recibido después del secuestro de los monjes de Tibhirine, anunciando luego su ejecución. Se les acusó de ser “cruzados”, “evangelizadores”, y se hace referencia explícita a una política de “eliminación física” y “aniquilación” cristianos.
El modus operandi de los asesinos. Las hermanas agustinas y sor Odette fueron asesinadas con un arma de fuego cuando se dirigían a misa, y las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles fueron asesinadas a tiros cuando salían. Para monseñor Farhat, Nuncio Apostólico en Argelia en ese momento, mientras que el primer atentado a una biblioteca frecuentada por muchos estudiantes de secundaria, tanto hombres como mujeres, podría sugerir que el ataque estaba dirigido contra las obras de la Iglesia, las condiciones del asesinato de las religiosas demuestran claramente que era la fe de los cristianos lo que estaba directamente en el punto de mira.
c. El Martirio Formal por parte de los Siervos de Dios
En cuanto al martirio formal por parte de los Siervos de Dios, en ausencia del testimonio de sus últimos momentos o de sus últimas palabras, se ha podido contar con sus escritos y declaraciones de otras personas.
Sus escritos nos hacen comprender el sentido que querían dar a sus vidas, la conciencia que tenían de su vocación particular en este país y del peligro que corrían por permanecer allí, así como de la perspectiva de una posible muerte violenta, aceptada en la voluntad de imitar a Cristo, por amor, hasta el final.
Las declaraciones de testigos, la gran mayoría de los cuales había compartido la vida de los Siervos de Dios, nos dan una buena visión de su personalidad humana y espiritual, y nos permiten ver cuál fue su trabajo apostólico y su integración en la sociedad argelina, así como su apego a Argelia y a su pueblo.
Escritos y testimonios permiten ilustrar tres elementos particularmente significativos para demostrar el martirio formal:
Su plena conciencia del peligro. El hermano Henri Vergès sabía que era un objetivo personal. De hecho, se le informó de que su nombre figuraba en una lista de futuras víctimas en las mezquitas fundamentalistas de Argel. Para otros, el riesgo era igual de real, especialmente después de la conmoción de los primeros asesinatos. Las reglas de precaución que adoptaron atestiguan entonces que no ignoraban el peligro ni que estaban en una actitud “suicida”.
El discernimiento, generalmente realizado a nivel comunitario, sobre la actitud a adoptar frente a la amenaza islamista. El resultado de la reflexión llevada a cabo por todas las comunidades religiosas, con sus superiores y con su obispo, monseñor Tessier, se plasmó a menudo en una declaración escrita de las razones por las que decidieron quedarse. Esta elección de la comunidad fue ratificada por la decisión personal de cada individuo, también expresada por escrito. Muchos expresan no solo la aceptación del martirio, sino también el perdón dado de antemano a los asesinos.
El ascenso espiritual experimentado por los Siervos de Dios, personal y comunitariamente. Testimonios y escritos subrayan hasta qué punto este período dramático fue también para cada uno la ocasión de un profundo cambio interior, de una mayor comunión fraterna, de pacificación, de abandono, de una ofrenda de sí mismos vivida en la oración y en la fidelidad a la Eucaristía.
Conclusión
Las pruebas documentales aportadas junto con el testimonio de los testigos constituyen, por lo tanto, una prueba convincente que muestra claramente que la locura asesina que golpeó a los 19 Siervos de Dios fue motivada por el odio a la fe cristiana, pero también por el odio a la caridad cristiana, a sus obras de apostolado, especialmente entre los jóvenes y las mujeres, así como por el odio a la esperanza cristiana, que todos y cada uno de los miembros de la Iglesia quisieron aportar al permanecer presentes junto a un pueblo que también era martirizado.
La documentación también nos permite afirmar que es en completa libertad y conciencia que cada uno de los 19 Siervos de Dios eligió permanecer en Argelia, en sus lugares cotidianos y a riesgo de sus vidas. Sin buscar el martirio, no obstante, ellos hicieron el don libre de sus vidas por amor a Dios, a la Iglesia y a Argelia.
«Que la diplomacia, la política o una mirada sin trascendencia sobre estos acontecimientos no nos prive de la voz de nuestros mártires y silencie el clamor de su grito de amor y de fe» (Dom Olivera, Abad General de la Orden Cisterciense, llamando en 1996 a no olvidar el testimonio de los mártires de Argelia).
«Los asesinos no les quitaron sus vidas: se las habían dado de antemano, al igual que los otros doce religiosos y religiosas, entre ellos nuestro hermano el obispo Pierre Claverie, asesinados en los años oscuros de Argelia. No huyeron de la violencia: la combatieron con las armas del amor, de la acogida fraterna, de la oración comunitaria» (Papa Francisco, en el prefacio del libro Thibirine, la herencia, con ocasión del 20º aniversario de la muerte de los monjes de Thibirine).
NOTA
[1] Sacerdote francés de la Comunidad Saint-Martin y oficial de la Congregación para las Causas de los Santos. Este artículo corresponde a la ponencia que realizó en el Instituto Cultural Francés Saint-Louis de Roma el 4 de diciembre de 2018. La traducción al castellano del original en francés es de la redacción de La Revista Católica.
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Beatos mártires Alain, Jean, Charles y Christian, Padres Blancos[/caption]
